Escribo estas palabras invadido por la enorme tristeza que me provoca la noticia de la partida de un maestro, de un amigo, que ha marcado una parte muy importante de mi vida. Tengo la fortuna de vivir en una bella ciudad, con un templo muy particular, al que llaman la catedral de Arucas. Hoy las piedras de este singular monumento, al que tanto amamos los aruquenses, lloran la partida de un hombre bueno, de un artesano del cincel y la maceta que con sus manos ayudó a elevar al cielo las últimas piedras de nuestra iglesia allá por los años setenta del pasado siglo.
Nicolás Falcón Acosta nació en el barrio de Padilla, en el municipio de Firgas, hace más de 87 años, aunque vivió casi toda su vida en el barrio de La Goleta, cuna de los labrantes de Arucas. Casado con Juana Rodríguez (DEP), es padre de tres hijos, Carmen, Pedro y Bartolo. Este último ha continuado los pasos de su padre en el sector de la piedra, como había hecho el propio Nicolás a la edad de 12 años, cuando empezó a trabajar en las canteras de piedra junto a su padre, del que aprendió el oficio, al que le dedicó 53 años de su vida. Como me dijo una vez, “trabajé hasta el día que cumplí 65 años, ni un día más”.


Sus últimos años los dedicó a cuidar de su esposa Juana junto a sus hijos, y a atender sus pequeñas tierras y animales, para llevar a casa productos básicos como huevos y leche, con los que hacían quesos y los exquisitos potajes canarios. Ya con un estado de salud delicada, tampoco falló nunca a las repetidas llamadas que un servidor le hacía para que asistiera a los actos en los que se homenajeaba a los maestros labrantes, como el del pasado 20 de diciembre de 2023, donde el Alcalde, Juan Jesús Facundo, le entregó un diploma por “su gran labor en favor del Patrimonio de la Ciudad de Arucas”.
Nicolás Falcón, Colacho, como cariñosamente le llamamos su familia y amigos, participó como labrante en obras tan notorias como la restauración de la catedral de Santa Ana en Las Palmas de Gran Canaria, la Casa de Colón o el Obelisco de la Plaza Tomás Morales, aunque pasará a la historia por ser el labrante que talló, entre otras, las dos últimas piedras de la iglesia de Arucas, como dijo una vez, a regañadientes; aunque jamás ocultó el orgullo que sentía por haber ayudado a levantar los doce últimos metros de la torre campanario.


Despedimos no sólo a un amigo y vecino muy querido por todos, sino también a una pieza fundamental de la historia de nuestra iglesia y de nuestro patrimonio, un labrante que simboliza el esfuerzo, la dedicación y el empeño que el pueblo de Arucas puso durante décadas en levantar su templo, una iglesia qué gracias a personas como Nicolás acabó siendo una catedral.
Cada mirada al cielo, cada fotografía que hago de la iglesia, cada vez que explico la historia de nuestros labrantes, en cada pensamiento que me lleve al golpe de un cincel contra una piedra, allí estarás tú. Nunca te olvidaré, maestro.
Descansa en paz, maestro labrante,
Nicolás Falcón Acosta (1938-2026)
