El 15 de mayo de 2026 se presentó en la Biblioteca Pública del Estado de Las Palmas de Gran Canaria el poemario Concierto de Isabel, que Antidio Cabal escribió entre 1986 y 1987 tras conocer a Isabel Vargas López. El libro, que forma parte de la colección y más extraña lengua (Mercurio Editorial), recientemente vio la luz en Canarias, aunque cuenta con dos ediciones previas en Costa Rica (Ed. Editorial Oro y Barro, 2003; Ed. Fundación Cultural Antidio Cabal, 2011).
Con el ánimo de convertir la poesía de Antidio en un acto de reflexión en común, pero también de entrega y amistad, doce personas fueron invitadas a elegir y recitar algunos de los textos del libro, y compartir luego sus ideas en torno a la obra del escritor. Además de Miguel Pérez Alvarado, que habló en nombre de la colección, participaron en el evento: el pensador y traductor Daniel Barreto, el maquetador Sergio Hernández Peña, el crítico de arte Mariano de Santa Ana, las poetas Acerina Cruz, Adriana Medina, Beatriz Morales, Nayra Pérez; las poetas y artistas plásticas Macarena Nieves Cáceres y Sandra González Reina; y además los poetas Fernando Herrera, Echedey Medina y Luis Piernavieja.
Con el deseo de que aquel especial encuentro siga prolongando sus ecos, hemos reunido aquí, en BienMeSabe.org, sus intervenciones.

Presentación
¿Qué hay de cabal en poner en pie una nueva colección de libros —y más extraña lengua— precisamente hoy que los libros, contra todo pronóstico, abundan (acerca de los «demasiados libros» nos habló Gabriel Zaid hace ya algunos años), aunque no sepamos si ese exceso nos hace mejores o abre a la esperanza el mundo que habitamos?
Es más, ¿qué hay de cabal en empezar una nueva colección como y más extraña lengua ha querido hacerlo, no pisando en firme y sobre seguro, sino publicando el excéntrico acúmulo de esdrújulos de Cairasco de Figueroa en su primera entrega, y ahora en la segunda a nuestro admirado Antidio, el gran huyente, el que siempre (se) descentra?
Y también, ¿qué hay de cabal en organizar una presentación y no traer a escena a los editores o a algún experto para que cuenten «de qué va» Concierto de Isabel, sino preferir que algunos de sus mejores lectores y lectoras, los destinatarios últimos del libro, nos descubran a nosotros, los editores, qué intríngulis esconden estos versos y qué sentidos despliegan los poemas de Antidio a la luz de sus ojos?
Y ya, por último, lo más extremo, lo más insostenible, ¿qué hay de cabal en regalarle a los doce amigos y amigas que subirán a leer a continuación, como agradecimiento por el tiempo y el esfuerzo, un ejemplar del poemario? A ustedes, que sabemos que forman un alto porcentaje de quienes habrían corrido a comprarlo a una librería, haciendo al menos un poco más razonable —por económica— esta loca empresa...
Lo que hay de cabal —con minúscula— es precisamente lo que Cabal —con mayúscula— nos propone en Concierto de Isabel: dejarnos transformar por el amor. Que la aparición de un nuevo libro entre los muchos que nos rodean no sea un mero motivo más de intercambio, sino un entrelazamiento; que la fuerza de mediación entre nosotros y el mundo, entre nosotros y los otros, no sea la que dicta el comercio, sino la que desarreta el amor.
Miguel Pérez Alvarado

Sabotaje a la identidad
«Nuestra gente primero», «prioridad nacional». La identidad nos asedia. También quienes dicen oponerse al autoritarismo étnico, a menudo con la mejor intención, replican su lógica. Las minorías marginadas durante siglos se fosilizan como bloques donde se desvanecen las diferencias. Victoria póstuma del poder que las sometió. Las razones del hechizo residen en la descomposición psíquica causada por una sociedad en crisis. La desesperación reclama soluciones urgentes, pero termina borrando al individuo del mapa.
El poeta Antidio Cabal sobresale por su rebelión contra el peso mortífero de la identidad: «Me he suicidado varias veces / extremando mi identidad» o «Detengámonos a pensar dentro del corazón, el principio de identidad, oiremos la muerte» (Cancionero del yo). Sus libros desmontan la idea de un yo diáfano y autosuficiente. Dicho así suena abstracto y remoto. Pero sus traducciones política y económica revelan el peligro. En política significa exasperar el nacionalismo, culpable mayor de las debacles del siglo XX. En economía, la cárcel de espejos del capitalismo digital. Autismo perfecto. Por el contrario, la poesía filosófica de Cabal afila el concepto contra su innata tendencia a la homogeneización. Gracias a la autocrítica incesante, la filosofía recupera su vocación liberadora.
Cabal escribe sobre la relación con el otro como otro y con uno mismo en tanto desconocido. Ello conlleva tomar en serio el tiempo, incordio para la filosofía desde su alborada jónica. El desafío de la razón poética, como enseñó María Zambrano, es pensar el tiempo sin anularlo. Pues el tiempo, como el yo que se hace prójimo, no tiene su ser en sí mismo: «El tiempo es una cosa, puesto en otra cosa, que no es el tiempo».
Concierto de Isabel supone una inflexión en el desacato del poeta filósofo a la ontología. La experiencia erótica hace emerger otro yo, también desconocido, pero de otro modo. Contra todo pronóstico, una plenitud surge sin traicionar el previo sabotaje de la metafísica. El argumento de alteridad reconcilia ausencia y presencia:
SITUACIÓN
El cuarto está apagado y la noche está apagada,
yo estoy despierto en mi esperanza y mi mente,
tu ausencia tiene una presencia parecida.
Aquí la conciencia despierta sin volver a la ecuación cartesiana de ser y pensar. Pues hay un exceso en la experiencia que no puede ser envasado al vacío en la idea. La realidad amorosa se resiste al saber y al poder, gemelos del principio de identidad. También por eso concierto. Acuerdo y armonía. Conjunción de lo diferente sin unidad vacía. Genitivo subjetivo y objetivo. Para Isabel y de Isabel.
Daniel Barreto

PERMANECIENDO
De tus relámpagos, ninguno se termina
cuando entran en mí.
El poema es breve como su propio relámpago y, al mismo tiempo, no tiene fin. Una paradoja en estado puro, muy concreta, visual, con una sencillez conmovedora. Recuerda a la escena de El evangelio de San Mateo de Pasolini en que Jesús rompe la cuarta pared durante «el sermón de la montaña», iluminado por relámpagos de una distancia insondable, que es origen y destino en el otro. Asimismo, el título del poema no puede ser más contundente. Mediante el atrevimiento del gerundio, el poema encaja en el sentido. «Permaneciendo» es una expresión de la posibilidad del infinito desde ahora, a cada momento, en el centro del poeta enamorado.
Acerina Cruz

RETENCIÓN
Pienso tanto en ti cuando te marchas
que es como si no te hubieras marchado,
o como si te hubieras marchado
y yo me hubiera ido contigo.
«Retención» presenta la poderosa idea de permanecer en el otro y que el otro permanezca también en uno mismo. Es decir, el ser/existir de cada cual aparece vinculado irremediablemente a la existencia de la otra persona.
La melodía que nace de este poema se enlaza con otra melodía íntima, emanada de un estado de enamoramiento semejante al que presenta Antidio. Estas palabras adquieren un sentido pleno al reconocer un mismo sentimiento expresado en otro poema: «me despido de ti flojito / pa que cuando vuelvas / parezca como si aún / no te hubieras ido».
Tal como sugiere la portada de Sergio Hernández Peña en este Concierto de Isabel, podemos señalar, en primer lugar, una ausencia plenamente presente: la de la amada. Se trata de una imagen que encaja perfectamente con la otra, una pieza dentro de otra pieza, como dos gatitos enroscados al frío. Encontramos, así, una permanencia afectiva que subsiste incluso cuando la persona amada ya no está físicamente porque el amor siempre permanece.
En segundo lugar, observamos una presencia ausente de uno mismo, es decir, de quien, en este caso, ama. La identidad propia queda entonces desplazada: cuando la amada se marcha, una parte de uno también parte con ella. Surge así una retención mutua y doble, como indica el propio título del poema; una ternura cotidiana de ser/permanecer en el pensamiento y, al mismo tiempo, en el sentir.
Sandra González Reina

ARS POETICA
He pensado poner tu nombre en un poema
y no he puesto tu nombre en un poema
no porque no quiera poner tu nombre en un poema,
es que no sé poner un poema en un poema.
Semejante Isabel
Una extraña semejanza asalta a Antidio Cabal en Concierto de Isabel: el nombre de su amada y el poema forman, paradójicamente, una alianza que se le resiste. De esa (persistente) imposibilidad nacen los versos de «Ars Poética». El autor nos cuenta que ha pensado en ello, sí, pero no sabe: «no sé poner un poema en un poema». No sabe poner uno en el otro. La cuestión lo excede. Un poema, al final, no podría jamás caber en un poema. Ni un nombre en un nombre. La poesía e Isabel son radicalmente solidarias, con lo cual no habría identidad posible entre ambas. El hiato queda a la vista: no termina de ligarse aunque se asemejen o compartan la dislocación, la complejidad y acaso la aporía. En suspenso la síntesis que podría acabar con la diferencia poliédrica del poema y del nombre con su… ¿propiedad?
No cabe expresión que no tenga un pie sobre su propia fragilidad, sobre su propia indigencia. No obstante, de esa alteridad que nos conmueve habríamos creído que era una herida a suturar. El tajo que nos causa estupor, pánico, vergüenza, debía ser borrado, y con él quien nos extraiga de nuestra cuna, siempre extranjera de nosotros mismos. La retórica y la política eugenésica le han declarado la guerra a la carne viva que nos nombra. Antidio Cabal escribe en las antípodas: su poesía es el chisporroteo incesante de los rescoldos que subyacen al inconsciente, a la palabra, al lenguaje. Detrás y debajo, un espectro: el surco que atraviesa Concierto de Isabel trastoca la experiencia del amor, la descentra incluso de una lectura compulsiva. De estas páginas salimos tocados. Y eso porque el autor no necesita siquiera renegar del vínculo sintético entre los amantes: su palabra ya estaba desarmada. En «Mayor Totalidad» escribe: «Aunque puedo hacer que ocupes el poema / no me conformo con la sombra de lo completo».
Lejos, la barrera de hielo que el amor autorreferencial traza entre el individuo, la pareja y el mundo. En su liturgia, poema y nombre son únicos y, como el amor, ingobernables.
Fernando Herrera

CUNA TERRITORIAL
En tu pequeña infancia te criaste en las llanuras de Sarapiquí,
que son como llanuras del cosmos,
abundantes en animales que aúllan, que cantan, que dicen
tacútacútacú, sassss-sasss-sassss, oooooj-oooooj,
y son verdes o dorados o blancos, de dos patas o de cuatro,
con alas de medio metro o de un par de centímetros,
planos o picudos, y algunos vuelan como si tuvieran forma de triángulo,
donde un gran río corre hacia el norte, con peces destacados,
como el guapote cafeteado o el barbudo penumbroso,
a veces el agua es de color de cacao,
tú oíste delante de la puerta de tu casa ruidos de animales que se están extinguiendo
y encima del techo de tu casa águilas obscuras,
y sentiste al manigordo ir a beber a la laguna,
y tocabas animales húmedos o secos, ásperos o alfombrados,
te subías a los árboles e ibas al río Sardinal, que pasaba
un poquito más debajo de tu casa, que hacía ruido en dos rocas,
con espuma alrededor,
ahora se te notan esas cosas en el rostro y el pelo,
miras como si miraras entre hojas, y ríes
como si en tus labios musicara un yurro,
y cuando echas la cabeza hacia atrás y recoges el pelo con las manos
hay algo como de viento en una rama,
me acuerdo de Persio: Eres tenaz en la verdad (tenax veri).
Atlántico incapaz
La elección para esta tarde del poema de Concierto de Isabel me vino dada por coherencia herida de un sentimiento de incapacidad que está instalado en el propio cuerpo/corpus del poemario. En el poema «Implenitud» se hace piel que la boca sufre siempre en huida disociada con y por la palabra que quiere ser carne y más carne amada: «Siento la incapacidad de no saber distinguir / lo verdadero de lo verdadero / dentro de lo verdadero». Esa diglosia fonética («la razón ve una cosa y el corazón otra») es una de mis propias preocupaciones y asimismo esta ha formado parte de mis últimos guineos creativos...
En ese sentido, Concierto de Isabel huele el olor del humo donde todavía no se apaga el fuego, huele a carne quemada por la punta, en una incertidumbre filosófica de quien bautiza el mundo haciendo la comunión en el Amor (el Silencio de dos cuerpos con dedos oscuros la Palabra), rodeando la isla.
Pero esta tarde no elijo leer «Implenitud» sino «Cuna territorial», y me sigo sintiendo impleno y sigo siendo el mismo discapacitado de después (la discapacidad tiembla en la palabra, «¿qué se contiene en tal o cual palabra?», daba vida a la vida mi abuelo Pepe con sus preguntas). De la marea cachonda «de animales que aúllan, que cantan, que dicen / tacú tacútacú, sassss-sasss-sassss, oooooj-oooooj» estoy más cerca cuando digo lo que quiero decir que digo.
Atlántico discapacitado, mastumba muro vertical para rostros canelos y (a)brunos (alienta Perera). Boca siempre rumiando lo implícito en territorio que deshace en agua. Sin embargo, tampoco desconozco el Pacífico y es esa larga sombra americana la que también me arrima el amor indiano de Antidio Cabal, un sueño en el que yo también me dejo tentar por los datos.
Echedey Medina Déniz


SUPUESTO NEGADO
Si no te hubiera conocido
o te hubiera conocido pero tú no me hubieras conocido
o nos hubiéramos conocido pero hubiese sido imposible
o no hubiese sido imposible pero de todos modos
hubiera sido inútil porque algo, alguien, no se sabe,
más fuerte que el conocer nos hubiera vinculado
uno al lado del otro opuestamente, como las caras de la luna,
unidas pero opuestas como si estuvieran
opuestas y nada las vinculase y todo las desuniera estando
entrelazadas pero tan lejos la una de la otra,
conociéndose no conociéndose,
impracticando la existencia que existe,
y qué terrible, o más que terrible,
que ninguna está muerta pero como si estuvieran muertas.
En la poesía de Antidio Cabal es complicado distinguir el amor del enamoramiento, el amor de la devoción, el amor de la existencia misma.
En Concierto de Isabel, el amor supera las formas y los tonos habituales para explorar una dimensión metafísica, reflexiva, y convertirse en la razón de vivir, de seguir latiendo.
El amor es siempre, en su palabra, lo que atraviesa, transforma y vertebra el mundo, el universo entero. Así, el verbo en-amor(ado) de Cabal nos arrastra irremediablemente y nos lleva consigo, nos lleva a sentirnos besados por la luz, por la suerte, por un destino que nos tiene en consideración y nos premia con el querer o el ser queridos.
En todo caso, el amor en Antidio se asocia a la belleza y a la verdad, a la plenitud absoluta que se alcanza cuando, en una suerte de epifanía o revelación, conoces a la persona amada,
la mano que nos sostiene en el camino,
el alma afín que nos guía,
la otra cara de la luna.
Adriana Medina
