Revista n.º 1164 / ISSN 1885-6039

El apellido Arucas: origen, historia y expansión de un linaje grancanario

Domingo, 30 de agosto de 2026
Pedro Socorro Santana
Publicado en el n.º 1163

Las primeras familias que lo portaron eran esclavos de familias aruquenses establecidas en la capital grancanaria a mediados del siglo XVII.

Carruaje tirado por mulas con huacales de plátanos, en la carretera vieja a la altura del cementerio de Arucas, hacia el Puerto de La Luz, sobre 1925 (fotógrafo: Bonnet; fondo: Fedac)

Hay apellidos que atraviesan los umbrales de la historia hasta convertirse en auténticos iconos de la memoria de un pueblo. El apellido Arucas constituye un caso singular dentro de la onomástica canaria, pues hunde sus raíces en la antigua voz prehispánica Arehucas, nombre con el que los antiguos habitantes de Gran Canaria designaban una de las treinta y cinco aldeas que existían en la isla antes de la conquista castellana1.

La conquista y la posterior colonización hicieron que las costumbres, la religión y, por supuesto, la lengua de los vencedores se impusieran sobre la población aborigen, hasta el punto de que gran parte de su legado cultural anterior sucumbió ante el dominio europeo. Sin embargo, aquella voz indígena logró perdurar, aunque con distintas variantes en su grafía, para denominar el territorio donde hoy se levanta la ciudad de Arucas.

Pero el topónimo no quedó circunscrito a ese territorio, sino que también fue empleado para designar otros lugares de la isla. Así ocurre en el pago de Las Lagunetas, en la Vega de San Mateo, donde se documenta desde mediados del siglo XVII. En concreto, el 10 de septiembre de 1667, Baltasar Bautista Blanco y María Alonso, marido y mujer, vecinos de dicho pago, impusieron un  tributo a favor del capitán Juan de Matos sobre seis fanegadas de pan llevar, lindantes con las tierras de Catalina Rivero, «que disen Oya de Arucas»2. Este testimonio aporta un elemento de especial interés para comprender la difusión histórica del topónimo de raíz indígena por distintos espacios de Gran Canaria.

No obstante, resulta fundamental distinguir entre el origen del topónimo, superviviente a la conquista, y el del apellido, surgido en el seno de la sociedad canaria de la Edad Moderna. Mientras que el nombre Arehucas pertenece al legado lingüístico de los antiguos canarios, el apellido Arucas es de formación mucho más reciente. Su aparición documentada se sitúa a mediados del siglo XVII, cuando determinados vecinos comenzaron a adoptar como apellido el nombre del lugar con el que mantenían una relación de procedencia o vinculación. En él confluyen, por tanto, dos dimensiones diferentes pero estrechamente relacionadas: la memoria de un territorio y la identidad de quienes, siglos después, hicieron suyo su nombre.

Este proceso no constituye un fenómeno exclusivo del apellido Arucas, sino que responde a una práctica relativamente frecuente en Canarias durante aquel tiempo. Adquirió particular relevancia en aquellos contextos en los que determinadas personas carecían de un linaje familiar consolidado, como ocurrió, entre otros casos, con individuos de origen esclavo.

Los primeros portadores documentados. Precisamente, algunas de las primeras familias portadoras del apellido Arucas estuvieron integradas por personas esclavizadas que, tras su manumisión o a lo largo de sus trayectorias vitales, terminaron estableciéndose en el Real de Las Palmas. Allí, continuaron vinculadas a sus amos, ayudándoles en sus negocios, trabajando en sus tierras u ocupándose de las tareas domésticas. Tal fue el caso de Luis de Arucas, también citado en la documentación bajo el nombre de Luis Travieso, y de Bartolomé Arucas, conocido igualmente como Bartolomé Rodríguez. Ambos formaron parte del patrimonio de doña Isabel del Castillo Soberanis, natural de Arucas, aunque desarrolló su vida en la capital, quien habría accedido a su propiedad por vía de donación o herencia familiar.

Doña Isabel del Castillo fue bautizada el 29 de octubre de 1629 la pila de la iglesia de San Juan Bautista de Arucas3. Era hija de los acomodados hacendados Felipe de Sopranis y Catalina Rodríguez Travieso, cuyo matrimonio se celebró en 1628 en dicha iglesia parroquial4. En este sentido, el apellido podría haber funcionado como una referencia de carácter geográfico, vinculada al origen de su propietaria o al espacio en el que se desenvolvían las relaciones de dependencia, más que como un indicador inequívoco de la procedencia de quienes lo portaban. Así, en lugar de recibir el apellido Castillo, correspondiente al de su ama, la identificación mediante el topónimo Arucas pudo haber conservado la memoria del lugar de procedencia o de nacimiento de las personas esclavizadas o, alternativamente, haber remitido al espacio de origen de su propietaria.

Conocemos que Luis de Arucas contrajo matrimonio en dos ocasiones. La primera tuvo lugar en la parroquia del Sagrario de Las Palmas el 7 de mayo de 1679, cuando casó con Magdalena Fagundo, esclava libre5. Tras enviudar, celebró segundas nupcias en la misma parroquia el 8 de diciembre de 1691 con Bárbola Loreto Guerra, hija natural de Gerónimo Loreto y de Inés Guerra, ambos difuntos. Actuó como uno de los testigos de este nuevo enlace Silvestre de Arucas6. Precisamente, el citado Silvestre de Arucas, cuya presencia como testigo permite sospechar un estrecho vínculo familiar con Luis, también contrajo matrimonio en dos ocasiones. En primeras nupcias casó con Bárbara Rodríguez y, posteriormente, contrajo nuevas nupcias en la parroquia del Sagrario de Las Palmas, el 21 de enero de 1685, con Juana de la Cruz, hija de Juan Martín de la Cruz y de Agustina Francisco, vecinos de la isla de La Palma7.

Doña Isabel del Castillo tenía, asimismo, otra esclava de origen africano llamada Estebana, de la que inicialmente no consta apellido. En efecto, en varias partidas de bautismo correspondientes a los hijos naturales de Estebana, a partir de 1683, esta aparece identificada indistintamente como esclava de Isabel del Castillo o esclava de Isabel de Arucas, tal y como figura, por ejemplo, en la partida de sus gemelos Juan y Antonia, bautizados el 18 de enero de 1683 en el Sagrario de Las Palmas8. Estos testimonios permiten entrever la complejidad de la sociedad grancanaria de esos siglos. La microhistoria del clan Arucas constituye, en este sentido, un reflejo de la macrohistoria social de la isla, caracterizada por las interacciones entre personas de diversos orígenes y procedencias. Esta diversidad pone de manifiesto el carácter cosmopolita y multirracial de la sociedad grancanaria durante este periodo.

Carmen Arucas Ortega vecina de Las Palmas de Gran Canaria en el primer tercio del siglo pasado (fondo: AHPLP)

El apellido entre la población esclava y liberta. Las personas esclavizadas, trasladadas por la fuerza desde distintos lugares de África hasta las Islas, eran despojadas de sus nombres originales. En su lugar, sus amos les asignaban nuevos nombres que, posteriormente, eran oficializados mediante el bautismo en las iglesias. Esta práctica de renombramiento respondía, por lo general, a criterios impuestos por los propietarios, quienes solían recurrir a nombres de pila del santoral católico, a sus propios apellidos o a topónimos vinculados con el lugar de procedencia.

Un nuevo ejemplo lo encontramos en otra familia de la capital grancanaria portadora de dicho apellido. Se trata de Juan de Arucas, esclavo del alférez Miguel Díaz, vecino de Arucas, quien contrajo matrimonio con Mariana, esclava de María Linares, vecina de Las Palmas. De esta unión nació Tomasa, bautizada el 5 de enero de 1659 en el Sagrario de Las Palmas9, cuya trayectoria familiar posterior se desarrollara en el ámbito urbano de esta ciudad.

En un primer momento el apellido Arucas, tan de aquí, arraigó en Gran Canaria. Un ejemplo representativo de este proceso lo constituye José Antonio Rodríguez Arucas, conocido también como José Arucas, biznieto del primer Luis de Arucas. Hijo de Antonio Arucas y de Josefa Tenerife, natural esta última de La Orotava, fue bautizado en la parroquia del Sagrario de Las Palmas el 15 de abril de 1732, cuatro días después de su nacimiento. Actuó como padrino Blas de Arucas10. José Antonio Arucas contrajo matrimonio en la misma parroquia el 27 de diciembre de 1750 con María Ignacia Santana, hija de padres desconocidos11. Tras el enlace, el matrimonio fijó su residencia en el risco de San Nicolás, en Las Palmas de Gran Canaria. Entre sus descendientes se encontraba Agustín de Arucas, quien casó en la parroquia natal en 1781 con Francisca Ventura de la Cruz, natural de Teguise, hija de Domingo de la Cruz y de Margarita de Herrera12.

Y, además, las ramificaciones de este singular árbol aruquense se extienden en múltiples direcciones. A ellas se suma una tercera línea de esclavos vinculada a este apellido. Se trata de Manuel Rodríguez, descrito en la documentación como de color negro y esclavo del capitán Diego Borges del Manzano, quien contrajo matrimonio en la parroquia del Sagrario de Las Palmas, el 7 de diciembre de 1692, con Josefa Rodríguez, también de color negro y esclava de Damián González Morejón, procurador de causas de la Real Audiencia de Canarias. Ambos propietarios de esta pareja de esclavos eran vecinos de la ciudad de Las Palmas, aunque naturales de Arucas, al igual que sus respectivas familias y  ascendencias13. Tal circunstancia adquiere particular relevancia para comprender la presencia del apellido Arucas entre sus esclavos, en la medida en que dicho apelativo pudo operar como una suerte de huella nominal de procedencia y, simultáneamente, como un indicio de la relación de dependencia y pertenencia que los vinculaba a sus propietarios.

Pero también desde Gran Canaria inició una progresiva difusión hacia otras islas del Archipiélago. Desde el siglo XVIII aparecen ramas familiares establecidas en Fuerteventura (Tuineje) y en Lanzarote (Teguise y Tías), fruto de los movimientos migratorios internos que caracterizaron a la población canaria. Agricultores y jornaleros o, sencillamente, gente sin tierras, se trasladaban entre islas en busca de nuevas oportunidades, llevando consigo sus apellidos y consolidando nuevos linajes.

De esta última línea estudiada descendió su nieto José Antonio Rodríguez Arucas, conocido también como José Arucas, quien emigró a Tiscamanita, en Tuineje, en la isla de Fuerteventura. Allí contrajo matrimonio en la parroquia de San Marcos, el 6 de febrero de 1742, con Francisca Umpiérrez Cabrera, hija de Diego Umpiérrez y de Juana Rodríguez14. De esta unión nació una descendencia que terminó arraigándose en la isla majorera. Entre sus hijos se documentan a Cristóbal Arucas, nacido en Tuineje en 1745; Apolonia Arucas, nacida en Pájara en 1755; y Domingo Arucas. Este último contrajo matrimonio en la parroquia de Nuestra Señora de Regla de Pájara, el 30 de octubre de 1786, con Manuela de Jesús Rodríguez, hija de Antonio Rodríguez y de Josefa Méndez15. Posteriormente, en la Parroquia de San Miguel Arcángel de Tuineje, el 16 de junio de 1804, Domingo contrajo segundas nupcias con su parienta Antonia González, hija de Antonio López y de Ángela González, siendo ambos dispensados del impedimento de parentesco en segundo con tercer grado de afinidad16.

Esta nueva rama familiar se consolidó en Fuerteventura y constituyó uno de los primeros focos de expansión y arraigo del apellido fuera de Gran Canaria. Asimismo, la documentación consultada permite localizar, en 1941, en plena posguerra, a varios miembros de este linaje establecidos en los municipios de Antigua y Tuineje. Entre ellos figuran Andrés Arucas Alonso17, viudo de María Dolores Ortega Serdeña, de 84 años de edad, y su hijo, Faustino Arucas Ortega18, de profesión albañil y nacido el 15 de febrero de 1904 en Antigua19. Ambos aparecen vinculados a procedimientos judiciales derivados del contexto represivo posterior a la Guerra Civil, al haber desempeñado responsabilidades de carácter político durante el periodo de la Segunda República.

La repercusión de la Guerra Civil también se hizo patente entre otros descendientes y miembros del linaje grancanario. Algunos de ellos participaron como soldados de reemplazo en los distintos frentes de combate. Entre estos se encuentra Andrés Sánchez Arucas20, vecino del Puerto de la Luz, que formó parte de las Fuerzas Regulares de Infantería Alhucemas n.º 5, una de las principales unidades de choque del bando franquista. Asimismo, se documenta a José Sánchez Arucas, hijo de Carmen Arucas Ortega, vecina de la ciudad, quien falleció en el transcurso de los combates en el frente del Ebro21. A este grupo se suma Modesto Concepción Arucas, que en 1939 figuraba integrado en el Regimiento Mixto de Ingenieros22.

Estos testimonios documentales permiten aproximarse a las trayectorias vitales de distintos miembros del linaje Arucas durante un periodo especialmente convulso de la historia contemporánea de Canarias, pero contribuyen a reconstruir la dispersión geográfica del apellido y las experiencias personales de sus integrantes en las décadas centrales del siglo XX, cuando se aproximaban al medio centenar en la provincia de Las Palmas.

Por Lanzarote nos consta la presencia de otra descendiente de Luis de Arucas y de Bárbola Guerra. Se trata de su biznieta María del Pino Arucas González, natural de Arucas y vecina de Teguise, hija de Juan de Arucas y de Estebana González Martín, de quien contrajo matrimonio en la parroquia de Teguise, el 11 de junio de 1775, con Pablo Ortiz Pérez, hijo de Cayetano Ortiz y de Rosalía Pérez23. Lo curioso de esta rama familiar, vecinos en la zona de Los Valles, es que los cinco hijos de doña María (Domingo, Antonio, Juan José24, Salvador, Félix) y Esteban González Arucas se asentaron en la isla de Cuba en el primer tercio del siglo XIX25. También su hermano Miguel González Arucas, que estando ausente en la isla del Caribe se casó por palabras de presente en la parroquia de Teguise con Francisca Marrero Rivera, natural de Santa Cruz de Tenerife26. No fueron los únicos.

El excombatiente Andrés Sánchez Arucas, de la capital grancanaria, a comienzos del XX (fondo: AHPLP)

Blas de Arucas, salto a América. Como ocurrió con muchos otros apellidos canarios, la emigración hacia América contribuyó decisivamente a la expansión del linaje. Desde el siglo XVI y, sobre todo, a lo largo del siglo XIX, numerosos isleños emprendieron viaje hacia el continente americano en busca de mejores condiciones de vida. En este contexto, el apellido Arucas quedó especialmente representado en Cuba, donde varias ramas familiares se establecieron de forma permanente. También existen referencias a portadores del apellido en la localidad de Jangas, uno de los doce distritos de la provincia de Huaraz, en la región Áncash (Perú), que acogió una familia de emigrantes canarios iniciada a mediados del siglo XIX por Manuel de Arucas, casado con María Juana Cueva.

No obstante, la presencia del apellido en América puede documentarse ya a comienzos del siglo XVIII. Sabemos que un hijo de Silvestre de Arucas y Bárbara Rodríguez, llamado Blas de Arucas, contrajo matrimonio por palabras de presente en 1717 con Catalina de Santa Ana, hija de padres desconocidos. Poco antes de embarcarse hacia las Indias, otorgó poder al vecino Ventura Franquis de Ortega el 7 de octubre de ese año, mediante escritura autorizada por el escribano Salvador Pérez Verdugo, para que formalizara el matrimonio en su nombre. En dicho documento declaraba partir fuera de la isla «en solicitud de mi trabajo por la mucha pobreza que tengo… y con ello poder asistir las obligaciones del matrimonio». No firmó porque manifestó no saber hacerlo. Fueron testigos José Tabardo y José de la Fe, hombres de mar, y José de Herrera, oficial barbero27. Para entonces, sus padres ya habían fallecido.

En virtud de ese poder, la boda se celebró en la parroquia del Sagrario de Las Palmas el 25 de octubre de 1717, sin la presencia del contrayente, representado por Ventura Franquis28. Este caso constituye, hasta donde permiten las fuentes consultadas en el Archivo Histórico Provincial de Las Palmas, el primer testimonio documentado de un portador del apellido Arucas que emigró a las Indias. Sin embargo, no sería el único, pues otros miembros de este linaje seguirían posteriormente el mismo camino transatlántico, como ponen de manifiesto los datos conservados en los legajos consultados, que permiten arrojar luz sobre una trayectoria migratoria de ese apellido hasta ahora escasamente conocida.

Otra rama del linaje en Cuba. Otro ejemplo de esta proyección americana lo ofrece una rama descendiente de José Antonio Arucas, vecino del risco de San Nicolás, quien fue ahijado del emigrante Blas de Arucas. Precisamente, uno de sus nietos, Agustín Arucas de la Cruz, contrajo matrimonio en la parroquia del Sagrario de Las Palmas el 1 de enero de 1820 con Antonia Quevedo. De esta unión nació, entre otros hijos, Agustín Arucas Quevedo, quien emigró a la isla de Cuba, donde contrajo matrimonio con Brígida Gutiérrez Frisnade, natural de Quivicán, en la entonces provincia de La Habana.

Fueron padres de Antonio Arucas Gutiérrez, comerciante, nacido en Quivocán, quien contrajo matrimonio hacia 1897, en Matanzas, con Carmen Álvarez Mil, natural de La Habana e hija de Antonio Álvarez Felipe, natural de Cárdenas, y de Andrea Mil Afonso, natural de La Habana. De este matrimonio nació Julián Arucas Álvarez, el 18 de febrero de 1895 en Corral Falso, término municipal de Pedro Betancourt, provincia de Matanzas29.

Los descendientes de esta rama han sabido preservar el apellido hasta nuestros días, convirtiéndose su permanencia en un valioso testimonio de la diáspora canaria y de la proyección ultramarina del linaje Arucas. A lo largo de las generaciones, el apellido ha mantenido así su continuidad más allá de las Islas, ligado a la historia de aquellos canarios que, impulsados por las circunstancias de su tiempo, cruzaron el Atlántico y establecieron sus familias en tierras americanas.

En la actualidad, el apellido no figura entre los más extendidos del Archipiélago y, según los registros disponibles, apenas tres personas lo conservan en la propia Villa de Arucas, cuna y solar histórico que dio nombre al linaje. Sin embargo, al otro lado del Atlántico, su presencia adquiere una dimensión mucho más significativa, pues son miles los ciudadanos que aún llevan este apellido y mantienen viva su memoria familiar30.

Poder otorgado por Blas de Arucas, vecino de la capital grancanaria, en 1717 para casarse antes de partir a Indias (AHPLP)

La memoria de un topónimo indígena. Hasta aquí llega este acercamiento al apellido Arucas, construido a partir de algunas referencias genealógicas que han quedado documentadas a lo largo de los siglos, que bien pudieran ser objeto de atención de nuestra tantas veces olvidada —y todavía insuficientemente conocida— historia local. Tal vez nuevas búsquedas permitan completar, matizar o incluso rectificar lo que hoy creemos saber.

Con todo, estas referencias permiten constatar cómo un antiguo nombre indígena logró sobrevivir al profundo cambio que supuso la conquista castellana, perduró como denominación de una ciudad y también de una hoya de la Vega de San Mateo, y, con el lento transcurrir de las generaciones, acabó convirtiéndose en un apellido repartido por el mundo. Porque, al igual que las personas, los apellidos también viajan a todas partes, acompañando a quienes los llevan y atraviesan con ellos exilios, fronteras y guerras. Y así, mientras la ciudad continuaba arraigada a su paisaje, el apellido emprendía su propio camino, llevando consigo el eco lejano de un topónimo indígena que se negó a desaparecer y que, después de atravesar siglos de cambios, encontró en los nombres de sus habitantes otra forma de permanecer.

Y es que el ron, la piedra y el apellido han sido tres maneras distintas de llevar el nombre de Arucas lejos de su origen: uno convertido en sabor; otro, en materia y arquitectura; el último, en memoria familiar. Tres formas de viajar y, al mismo tiempo, tres maneras de permanecer. Porque, aunque cambien los lugares, las generaciones y los nombres, hay palabras que se resisten a desaparecer. Arucas es una de ellas.


Notas y fuentes bibliográficas

  1. Según la relación del cura de Los Palacios, Andrés Bernáldez, en sus Memorias del Reinado de los Reyes Católicos, recogida y estudiada por el historiador Francisco Morales Padrón.
  2. Archivo Histórico Provincial de Las Palmas (en adelante AHPLP). Legajo 1375, fols. 570 v. –573 r.).
  3. Archivo Histórico Diocesano de Las Palmas (en adelante AHDLP). Libro II de Bautismos de la Parroquia de San Juan Bautista de Arucas, f. 35 vto, siendo su padrino Rafael de Soberanis.
  4. AHDLP. Libro II de Matrimonios de la Parroquia de Arucas, f. 35 vto.
  5. AHDLP. Libro IV de Matrimonios de la Parroquia del Sagrario de Las Palmas, n.º 842, f. 185 vto.
  6. AHDLP. Libro IV de Matrimonios de la Parroquia del Sagrario de Las Palmas, n.º 1505, f. 361 vto.
  7. AHDLP. Libro IV de Matrimonios de la Parroquia del Sagrario de Las Palmas, fol. 279.
  8. AHDLP. Libro XIII de Bautismos de la Parroquia del Sagrario de Las Palmas, fol. 3.
  9. AHDLP. Libro X de Bautismos de la Parroquia del Sagrario de Las Palmas, f. 93 vto.
  10. AHDLP. Libro XX de Bautismos de la Parroquia del Sagrario de Las Palmas, fol. 32 vto.
  11. AHDLP. Libro VIII de Matrimonios de la Parroquia del Sagrario de Las Palmas, fol. 102 vto.
  12. AHDLP. Libro IX de Matrimonios de la Parroquia del Sagrario de Las Palmas, f. 264 vto., partida n.º 109.
  13. AHDLP. Libro IV de Matrimonios de la Parroquia del Sagrario de Las Palmas, f. 375 vto., partida 1558. Damián González Morejón (Damián Morejón), procurador de causas de la Real Audiencia, casó en la parroquia del Sagrario de Las Palmas, el 10 de agosto de 1683, con Gregoria Montesdeoca, hija de Juan Alfonso y de Leonor Jiménez (L IV, f. 262, a 113). Ya en 1706, Gregoria era viuda, pues ese año comparece para vender medio cercado de tierra en Arucas, donde llaman El Cerrillo, con derecho a lagar y husillo, como heredera de mi marido (Fuente: AHPLP. Legajo 1519, segmento 6, fotograma 329 vto.). Por su parte, el capitán Diego Borges del Manzano (Diego del Manzano), hijo del capitán Juan Rodríguez Borges del Manzano y de Leonor Pérez, vecinos de Tenerife, casó en la parroquia de San Juan de Arucas, el 25 de septiembre de 1689, con Ana De Niz Peraza (Ana Déniz Vera), hija de Gregorio González De Niz y de María de la Cruz Vera. Fuente: AHDLP. Libro IV de Matrimonios de la Parroquia de San Juan Bautista de Arucas, f. 80.
  14. AHDLP. Libro I de Matrimonio de la Parroquia de San Marcos de Tiscamanita, en Tuineje, f. 124.
  15. AHDLP. Libro II de Matrimonios de la Parroquia de Nuestra Señora de Regla del municipio de Pájara, f. [pendiente].
  16. AHDLP. Libro I de Matrimonios de la Parroquia de San Miguel Arcángel de Tuineje, f. 52 vto.
  17. AHPLP. Tribunal Regional de Responsabilidades Políticas de Canarias, año: 1941; expediente 2377; rollo: 4341. Andrés Arucas Alonso era hijo de Guillerma Arucas y de padre no conocido. Al carecer de padre también se le conocía como Andrés de Santa Ana, quien nació 29 de enero de 1860 y fue bautizado un día después en la Parroquia del Arcángel San Miguel de Tuineje. Fuente: AHDLP. Libro V de Bautismos de la Parroquia de Antigua, f. 293 vto. Andrés Arucas casó en la parroquia de Antigua, el 29 de julio de 1885, con María Dolores Ortega Serdeña, hija de Juan Ortega Alonso y de María del Pino Serdeña (AHDLP. Libro VI de Matrimonios de la Parroquia de Antigua, f. 79).
  18. AHPLP. Tribunal Regional de Responsabilidades Políticas de Canarias, año: 1941; exp. 2378; rollo: 4342.
  19. AHDLP. Faustino fue bautizado el 24 de dicho mes en la Parroquia de Ntra. Sra. de La Antigua Libro XIII de Bautismos, f. 219 vto.
  20. AHPLP. Jefatura Provincial del Movimiento Nacional de Las Palmas; inventario 955; expedientes personales de excombatientes de Las Palmas, caja 77.
  21. AHPLP. Jefatura Provincial del Movimiento Nacional de Las Palmas Expedientes personales de excombatientes de Las Palmas, caja 10.
  22. AHPLP. Jefatura Provincial del Movimiento Nacional de Las Palmas. Expedientes personales de excombatientes de Las Palmas, caja 4.
  23. AHDLP. Libro VII de la Parroquia de Nuestra Señora de Guadalupe de Teguise, f. 8.
  24. Juan José Arucas contrajo matrimonio en la parroquia del Sagrario de Las Palmas, el 30 de abril de 1742, con Estebana González Martín, hija de Manuel González y de Josefa Martín, vecinos de la ciudad de Arucas. Y luego se ausentó a isla de Cuba. AHDLP. Libro VII de Matrimonios de la Parroquia del Sagrario de Las Palmas, fol. 318, partida 1074.
  25. AHPLP. Protocolo 2914, f. 897 de Matías Rancel, año 1802. En 1822 realizan una venta de bienes en Lanzarote antes de irse de viaje. Pablo Ortiz realiza su testamento y señala que sus hijos estaban ausentes en Cuba (Fuente: legajo 2931, f. 633).
  26. AHDLP. Libro VII de Matrimonios de la Parroquia de Nuestra Señora de Guadalupe de Teguise, fol. 93 vto. La novia era hija de Vicente Díaz Marrero y de Lucía Rivera, naturales del Puerto de la Cruz de Tenerife.
  27. AHPLP. Legajo 1570, fol. 103.
  28. AHDLP. Libro VI de Matrimonios de la Parroquia del Sagrario de Las Palmas, fol. 182 vto.
  29. Registro Civil de Pedro Betancourt en la provincia de Matanzas, en Cuba, tomo XI, fol. 8.
  30. Conviene advertir, por otra parte, que el topónimo Arucas también pudo emplearse como complemento del apellido, precedido de la preposición de. Un ejemplo de ello es Juan González de Arucas, natural de la ciudad de La Laguna (Tenerife) e hijo de los grancanarios Juan González y Francisca de los Reyes, cuya ascendencia se vinculaba a la Villa de Arucas. El 24 de agosto de 1707 contrajo matrimonio, en la parroquia mayor de San Cristóbal de La Habana (Cuba), con María de la Concepción Rivero, hija de Gaspar Rivero y Francisca María, ambos naturales también de La Laguna. De este matrimonio nació Miguel González de Arucas, bautizado el 18 de septiembre de 1725 en la iglesia auxiliar de Juan del Monte, en Cuba. Vecino posteriormente de La Habana, Miguel González de Arucas realizó en octubre de 1785 su prueba de limpieza de sangre ante el escribano de Las Palmas Tomás Álvarez de Silva. (Fuente: AHPLP. Legajo 1913, fotogramas 525-530. Constan la partida de Matrimonios de la Parroquia de San Cristóbal de Tenerife, libro III, fol. 41), y la de bautismos en la iglesia auxiliar de Juan del Monte de La Habana (oficialmente, parroquia El Buen Pastor de Jesús del Monte), ubicada en La Habana, Cuba, f. 88 vto. de dicha parroquia.

AGRADECIMIENTOS. Mi agradecimiento personal por su valiosa aportación de datos para la realización de este trabajo a Antonio M. Jiménez Medina, técnico superior de Administración Especial de Patrimonio Histórico del Ayuntamiento de la Ciudad de Arucas; a María Paz Sánchez Romero, bibliotecaria y documentalista del Archivo Histórico Provincial de Las Palmas; y, de manera muy especial, al genealogista galdense Carmelo Mederos Castellano, por su inestimable colaboración en la localización de algunas partidas correspondientes a esta familia.

Debes indicar un comentario.
Debes indicar un nombre o nick
La dirección de mail no es valida

Utilizamos cookies, tanto propias como de terceros, para garantizar el buen funcionamiento de nuestra página web.

Al pulsar en "ACEPTAR TODAS" consiente la instalación de estas cookies. Al pulsar "RECHAZAR TODAS" sólo se instalarán las cookies estrictamente necesarias. Para obtener más información puede leer nuestra Política de cookies.