Revista n.º 1140 / ISSN 1885-6039

Alfonso García-Ramos: una palabra (Día de las Letras Canarias 2026)

Sábado, 21 de febrero de 2026
José Miguel Perera
Publicado en el n.º 1136

Hace 25 años se publicó este corto, pero condensado, texto donde se subrayaba la trascendencia de la escueta, pero intensa, obra narrativa del autor celebrado en este 2026 por el Día de las Letras Canarias. Sirva como nuevo reclamo de animación, a propósito de la coyuntura, para seguir pensando su obra y Canarias en ella.

Ejemplares del autor del artículo de las obras de Alfonso García-Ramos

¿Por qué la carne agusanada se enamoró de la estrella?

Alfonso García-Ramos

 

Decir Guad: casi –todo– se enuncia: guad. Balbuceo; a la vez, sentencia. Su sonido nos llama. Convocados a excavar la galería, en la dialéctica del conocimiento; lo que de atrás se lleva consigo –luz del día– y lo que habrá de buscarse en medio de (entre) la noche de allá dentro: aquella luz resplandecerá en dicha noche, hacia otra estela futura –por llegar–. Decir agua es –tan solo– llegar al final, cerrado; pero nombrar guad, encontrar certeza, dar con la luz –por encontrar–.

La galería, también, trabajo necesario, esfuerzo por la colectividad: de los que se inclinan allá dentro (hermanados) depende todo el pueblo (la familia): aquí, la responsabilidad de los que viven en (y por) la gruta. Cómo no decirlo ya: Guad, relato de identidad, esto es, de la búsqueda y el conocimiento: a la intemperie, en la galería, donde todo es visto desde la otra cara y con otro rostro. La constante amenaza (de los otros, tam-bién), la inminencia de la muerte (por las heridas el agua entra más adentro): las cuñas que ajustan el sentido de la responsabilidad –de la vida–. Así, todo cambia: gases subterráneos, posibles derrumbes... Nada frena; compromiso de (por) vida. Más que lectura social, apuesta existencial; éticamente; hasta el límite de la posibilidad, rumbo a lo imposible. La obligación (no ombligación) con el temblor, desde Canarias, –que es decir– apostar por las personas. Bucear Canarias, un fundamento: la galería, viaje –claro está– a la isla por desocultar, a la por siempre oculta.

Tristeza sobre un caballo blanco se instala en la galería misma: lo decíamos, la vida en (es) el tiempo. Aquella luz de atrás, también, por descubrir: el hombre cabuquero, con el pico en alto, suspenso en la tensión de los movimientos ya hechos y los que están por hacer: su imagen todo lo dice; la historia encima, adentro, consigo; empeño en encontrar la palabra precisa. ¿Qué es si no cavar? El recuerdo, ahora, constante: este viaje (amor-odio hacia la isla), insistimos, es entrar, igualmente, en la galería: subsuelo el viaje mismo.

Ilustración de Fernando García Ramos en la primera edición de 'Teneyda' (1960)

La isla quiere más agua y hay que sacársela de su corazón de roca (...). Esto es más serio que la aventura literaria, volver a descubrir la isla (...)***. Seguir en el frente del subterráneo hasta que reviente el agua o el martillo perforador, o la misma persona. Esclarecer nuestra vivencia es lo que se pide: hay otra isla sumergida en tierra y mar. Esta intermitente realidad es a la que apunta toda la obra narrativa de Alfonso García-Ramos. Con Tristeza sobre un caballo blanco el asunto acaba por iluminarse: nombrar Canarias es un intento (siempre intento) de rondar aquella palabra exacta que nos nombre, aquel no-lugar preciso que diga la condición humana. La cultura canaria (toda cultura) no precisa de límites, pero se cerciora (y es cerciorada) al dialogar con las otras culturas. (La cultura no es exclusivamente geografía –sin duda–). ¿Cerciorarse de qué? De aquella palabra. Y aquí, concluyamos: seguir en el frente de la galería, la apuesta de Pascal: no le des más vueltas a la pregunta que nadie podrá contestarte, y mira adelante, continúa como si las cartas que nos dieron para jugar en la vida fueran buenas, como si la partida no estuviera desde un principio perdida, como si no careciera de sentido la ruleta loca y mala de la muerte. Levantar la cabeza, apretar el puño, dar cara a lo que venga, pisar fuerte para que quede al menos cierta huella (...). El final de Tristeza sobre un caballo blanco, una puerta abierta y amplia hacia la construcción futura, desde una firme base, en el pasado, desde un profundo conocimiento (...).

Señalar la otra isla sumergida, por un lado; por otro (el mismo), intentar responder, basculando, desde esta interrogación: ¿Por qué la carne agusanada se enamoró de la estrella? Esto, el centro generador de la diferencia del lenguaje de Alfonso García-Ramos. Nombrar la palabra.


*** Esta cita de García-Ramos encabeza, significativamente, mi libro Literatura canaria con identidad (y más allá) (2017), donde también fue inserto este texto originariamente dado a conocer en el suplemento Cultura de La Provincia-Diario de Las Palmas el 27 de septiembre de 2001.

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