Revista n.º 1157 / ISSN 1885-6039

«Flor Canaria», tango (95 años de un gran éxito)

Jueves, 4 de junio de 2026
Javier Campos Oramas
Publicado en el n.º 1151

El tango fue un gran éxito musical y como tal su letrista, Eduardo Suárez Morales, pasa a un injusto segundo plano. Ni antes ni después de la insurrección de 1936 es mencionado; y solo Ignacio Auyanet lo mentará, en 1977, como parte de su repertorio.

Detalle del vinilo de Ignacio Auyanet, con la autoría de la canción

Ahora se cumplen los 95 años de la letra y composición musical de este precioso tango y la dedicatoria íntima que le escribe su letrista, Eduardo Suárez Morales, a su esposa. Creo que es buen momento para recordarlo. 

I

Tengo, canaria, en la isla mía
tras las montañas que hay allí
un rincón donde a porfía
crecen rosas y alhelís.
Una casita hecha primores
que con mimo te levanté
ávida está de nuestros amores
premio feliz de mi fe.

II
Todo es hermoso y risueño
y en mi casa, querubín,
a mi lado será tu sueño,
sueño de rosas y de jazmín.
Ven, cariñosa nena mía,
al rincón que engalané
que en tus brazos con alegría
con cariño cantaré.

III
Flor canaria,
que en mi pecho has encendido
con tu gracia y tu cariño
las hogueras del amor.
Tú eres todo mi sol radiante
que has despertado en mi vida
los destellos agonizantes
de este pobre corazón. 

Dedicatoria. La partitura que me han facilitado lleva impresa esta frase: A las simpáticas señoritas Julia y Mercy O’Shanahan Pérez, con mucho cariño. Estas niñas (pues en 1930 la mayor, Julia, tiene solo 14 años y Mercedes 11) son las hijas de Daniel O’Shanahan Cabrera y de Mercedes Pérez Hernández, ambos de Tenerife, pero afincados en Gran Canaria donde, presumiblemente, nacieron sus hijas. En Gran Canaria, ellas se casaron y tuvieron hijos y nietos…, que tal vez lean estas líneas.

El Museo Canario conserva varias partituras y partichelas de «Flor Canaria (Sobre motivos canarios)» de la que ahora solo podemos destacar la dedicatoria manuscrita, la que muestra la familia de su letrista, Eduardo Suárez. En el interesante libro que le escribe su nieta, Isabel Méndez Suárez —Eduardo Suárez Morales, en el recuerdo. Una memoria recobrada—, se muestra una partitura sin dedicatoria impresa, pero en la que el poeta escribe, con su letra fina y puntiaguda, unas hermosas palabras para su esposa: A la florecita bella que ha perfumado mi vida entera. Pto. 25/10/30.

Agrupación La Lira, con crónica de acto donde tocaba el conocido tango (revista 'Radio Tenerife', 1935)

Intérpretes. El tango «Flor Canaria» arrancó con gran fuerza. Al escribir de los corresponsales municipales, no había fiesta, tanto de tipismo como de ambientes de gustos más abiertos, en las que (o bien el programa ya lo anunciaba o bien era demandado a viva voz) se recitara tan sentida pieza. Sus más lúcidos intérpretes sabían que era una carta ganadora.

Luciana Álvarez Pestana (Las Palmas de Gran Canaria, 1918-1988) fue una afamada tiple que bien arropada por las rondallas La Lira o La Siciliana, cuando no por el grupo musical del Maestro Batista, tuvo en el tango «Flor Canaria» su mayor éxito, aun siendo un tango en voz femenina que trata —como hemos podido leer— de la idealización angelical que tiene un enamorado. Luciana Álvarez, sola o haciendo dúo bien con Juan Farray Morera (Las Palmas de Gran Canaria, 1911-1956) o bien con Juan Pulido Rodríguez (Las Palmas de Gran Canaria, 1891-Ciudad de México, 1972), conmovía al público con su sentida versión del tango «Flor Canaria», hasta que se casó en 1939 y marchó a Cabo Juby.

Maruja Calero fue la sucesora de Luciana, rozó triunfos similares y principalmente en los tangos, pues estos eran propios de su repertorio. Las actuaciones de la Calero —no he encontrado muchos datos de su quehacer— fueron más frecuentes como complementos a las proyecciones cinematográficas en lugares como El Pabellón Recreativo, Teatro Hermanos Millares, Teatro Circo Cuyás, Torrecine… Las modas y hábitos de los años cuarenta fueron arrinconando a este tipo de actuaciones y Maruja Calero desapareció de la prensa canaria.

En las voces masculinas destacaron dos tenores bien alejados en el tiempo. El citado Juan Farray, que prudentemente no intentó sustituir a Luciana en este tango, y no por que le faltaran méritos, sino por estrategias de sus contratistas o representantes. Farray recogió grandes triunfos locales como haría su sustituto masculino en la interpretación del «Flor Canaria», Ignacio Auyanet (Telde, 1943-2022).

Creo que hasta la grabación realizada por Ignacio Auyanet Noda para un vinilo sencillo, en 1971, no se había hecho un registro o grabación de «Flor Canaria». Buscando estamos si la hubiera en pasta. Ignacio Auyanet ya venía madurando la idea de esta grabación y la fortuna le sonreía en el mundo del espectáculo isleño. La casa AKAI hace la grabación en el teatro Pérez Galdós.

Portada del disco de Auyanet

Letrista. Como ya hemos visto, el letrista de este afamado tango fue el singular personaje Eduardo Suárez Morales (Las Palmas de Gran Canaria, 1906-1936). Cuando hay algo que comentar sobre este célebre personaje no se puede uno quedar en dos líneas, pues tanto él como su familia paterna tienen mucho que decirnos.

Los Suárez, de esta rama que ahora citamos, proceden del matrimonio formado por José Suárez Mujica y Rita León Alemán. De su numerosa prole, mayormente femenina y, por lo tanto, destinadas a un segundo plano —no se las solía señalar en las esquelas y menos en las notas cronológicas, entre otras lindezas—, nada podemos añadir aquí, pero sí de los tres varones: Francisco, Sebastián y José. Francisco (1865-1934) ha sido un gran pintor de Canarias, pocos le igualan; y padre del pintor Cirilo Suárez Moreno (1903-1990). Sebastián (1883-1945) fue rapsoda, poeta, actor, escritor y periodista lúcido (el Brujo) que rigió diarios de Gran Canaria y de la Península. José (1866-1949) era conocido como el maestro de La Puntilla, por ser ese el lugar de su casa y escuela. Todos ellos nacidos y fallecidos en Las Palmas de Gran Canaria. José Suárez León tuvo la extravagante idea de abrir, a finales del siglo XIX, una escuela o colegio en el Puerto de La Luz, casi a orillas de la playa de Las Canteras, cuando aquella zona era un caos social y moral, al decir de las noticias que se publicaban en los periódicos locales, que ya de por sí iban filtradas. Sumaban al caos el descuido higiénico y urbano, de tal manera que podemos leer en la prensa la palabra manigua para calificar áreas de aquella importante zona.

La templanza y la tableta hicieron funcionar perfectamente la escuela y la familia Suárez Morales. El matrimonio de José y Aurora Morales Medina produjo 13 hijos, de los que llegarán a la edad adulta: Aurora, José, Antonio, Luis, Francisca, Consuelo, Rita, Ana, Eduardo, Ángeles, Daniel, María del Carmen y Rosario. De los hermanos Suárez Morales entresacamos a estos tres: José, Antonio y Eduardo. José Suárez Morales fue periodista de corta vida, pues falleció con 34 años de tuberculosis (1896-1930) como, posteriormente, su hermano Daniel (1909-1936). José adquirió fama con sus artículos firmados con el seudónimo El brujo de la Isleta. Antonio Suárez Morales (1895-1974) tal vez fue el más sensible de toda la familia a los problemas sociales, pues aunque algunos de los Suárez (tíos y hermanos) ya habían participado en la vida política, e incluso desempeñado algunas concejalías, es Antonio —fundador de los radioaficionados en Gran Canaria— el que se compromete más a fondo y lleva a su hermano Eduardo a afiliarse al partido Socialista. Antonio sobrevivirá a las crudezas de la postguerra reconstruyendo su vida felizmente.

Eduardo, el letrista de «Flor Canaria», era un líder nato, ya en su juventud le llamaba Capitán Duardera y fue famosa su aventura de ir de polizón en un barco sin aviso a amigos ni a familiares. A la vuelta se encontró la sorpresa del fallecimiento de su angustiada madre (ved libro citado). Se puso a trabajar en la empresa Hijos de Diego Betancort. Diversas razones le hicieron cambiar del Partido Socialista al naciente Partido Comunista, que será su éxito y tragedia final. En medio tiene el mejor momento de su vida: María del Rosario Socorro Guerra, Titita (1901-1981), hija del comerciante Agustín Domingo Socorro Navarro y de Micaela Guerra Díaz. La vena poética de los Suárez surge en Eduardo ante la aparición y enamoramiento de Titita.

De los pocos documentos que han sobrevivido al poeta Eduardo Suárez Morales nos queda «Flor Canaria» y «Noviecita». No confundir esta última con el tango argentino de César Petrone («Noviecita santa»), ni con la composición del Teldense Antonio Cruz Quintana que arranca con «Una mujer fiel, puro amor»… El tango «Flor Canaria», como ya hemos visto, fue un gran éxito musical y como tal su letrista pasa a un injusto segundo plano. Ni antes ni después de la insurrección de 1936 es mencionado; Ignacio Auyanet, en 1977, es quien lo cita esmeradamente como parte de su repertorio. 

Portada del libro de Isabel Méndez sobre Eduardo Suárez

Suárez con su mujer (fuente: https://miplayadelascanteras.com/)

Música. Cuando Eduardo Suárez entrega la letra de «Flor Canaria» al maestro Batista, este no tiene mucha idea de cómo va a musicar el tema, pero los tangos estaban en boga y tal vez había algún antecedente argentino que lo aconsejara. Las leyendas de Gran Canaria dan por hecho que fue el sonsonete de los vendedores del periódico La Provincia lo que inspiró al Maestro. José Batista Falcón (Arucas, 1897-Las Palmas de GC, 1963), antes de llegar a ser el Maestro, tuvo un riguroso empezar en la música, pues su padre, José Batista Martí (Arucas 1867-Gáldar, 1942), director de la banda municipal de Gáldar, obligaba a sus hijos —5 varones y 4 mujeres— a aprender música con la templanza y la tableta, como el padre de Eduardo Suárez. El aprendizaje fue de tal calibre que el domingo 15 de junio de 1918, en la Alameda de Gáldar, se da un concierto con piezas y dirección del más aventajado de los hijos de José Batista Martín, el futuro maestro Batista. Más o menos esto nos lo dice el cronista de Gáldar en La Provincia, diario de la mañana del día 25/06/1918.

José Batista Falcón, como harían algunos de sus hermanos, pulieron su arte musical en las respectivas bandas de los pertinentes regimientos militares por los que pasaron. Terminado el contrato militar, José/Pepe se lanzó al mundo del espectáculo y con sus hermanos formó trío, quinteto, orquestina y orquesta para espectáculos de variedades y entretenimientos sociales. En esos años se casó (1922) con Josefa Rodríguez Ruiz (Gáldar, 1999-Las Palmas de GC, 1976), con la que tendría tres hijos. Uno de ellos, Colacho, dio nombre a un afamadísimo pasodoble que su padre compusiera, tanto que disputaba el primer puesto del ranking de sus composiciones al tango «Flor Canaria».

El golpe de estado de 1936 trastornó toda la vida española. Ya hemos leído cómo a Eduardo Suárez Morales le costó la vida; a José Batista Falcón le traerá unos cambios favorables, pero no por ello libre de sobresaltos. En esta fecha estaba sustituyendo interinamente a su padre en la banda municipal de Gáldar y otras actividades ya comentadas. En 1938 depuraron al director de la banda municipal de Telde —Gil Monzón (Telde, 1883-1959), pues había desempeñado cargos en el partido político Izquierda Republicana; años más tarde sería repuesto en su dirección—, y es nombrado Batista Falcón hasta 1942/43 —cuestión de contradicciones entre documentos— e impartiendo clases en colegios, entre otras actividades. Entre unas y otras estuvo encartado, como lo podemos leer en Boletín Oficial del Estado núm. 130 de 1941, pág. 1906, Cédula se tramita expediente de dicha clase contra los inculpados que a continuación se expresan: José Batista Falcón, de 42 años, casado músico, natural de Arucas y vecinos de esta capital, en Rabadán, 27.

A partir de esta fecha, el maestro Batista recupera todo su dinamismo como compositor y director musical. El repertorio de creación propia de Batista es brillante, y junto a el pasodoble «Colacho» y al tango «Flor Canaria» estaba muy orgulloso de haber rescatado el «Canto del boyero», melodía de las medianías o altos de Guía-Gáldar y un largo etcétera. Su labor ha permanecido a través de su numeroso alumnado. 

Sean estas discretísimas letras modesto homenaje a «Flor Canaria» y a sus cultivadores. 

Las Palmas de Gran Canaria a 21/09/2025

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