Revista n.º 1143 / ISSN 1885-6039

Una lectura poética desde la liberación

Miércoles, 11 de marzo de 2026
Fátima Suárez González
Publicado en el n.º 1139

Este viernes se presenta en la Biblioteca Insular de Lanzarote, en Arrecife, a las 18:00 h., Poelíticamente, el nuevo libro de nuestro coordinador José Miguel Perera. A propósito, les acercamos las palabras que expuso en una anterior presentación Fátima Suárez, autora del ensayo Ancho de ánimas, de José Miguel Perera: una lectura desde la liberación.

Libro de Fátima Suárez con 'Poelíticamente' de fondo

Buenas tardes.

Antes que nada, me gustaría empezar agradeciendo a todas las personas que han hecho posible este encuentro.

En primer lugar, me gustaría dar las gracias a Belén [González Morales], quien fue testigo de cómo este libro empezaba a tomar forma en aquellas páginas de mi Trabajo de Fin de Grado; que me ha acompañado en cada duda, cada incertidumbre, pero que también celebró conmigo cada entusiasmo; que ha sido una guía y un apoyo fundamental.

También me gustaría agradecer a José Miguel Perera, por tanto; sobre todo, por sentarse conmigo a compartir y escuchar mis incansables búsquedas de sentido, algunas de ellas reflejadas en la entrevista que está al final de este libro. Y quiero agradecerle especialmente su apuesta por las miradas jóvenes.

Del mismo modo, quiero dar las gracias a Sergio Hernández por su increíble labor en el diseño y la maquetación del libro, que han hecho posible que esta obra luzca de la manera en que lo hace.

A la Biblioteca Pública del Estado [de Las Palmas de Gran Canaria], por cedernos este espacio para poder compartir hoy; y, por supuesto, a ustedes, por estar aquí.

Presentación de 'Poelíticamente' y del libro de Suárez González en la capital grancanaria (11 de febrero de 2026)

Ejemplares de 'Ancho de ánimas, de José Miguel Perera: una lectura desde la liberación'

Dicho esto, me gustaría contarles un poco cómo comenzó esta obra y esta propuesta de lectura... Cuando yo me acerco por primera vez a Ancho de ánimas, abro sus páginas y doy de lleno con ese pererés, esa forma tan característica de escribir del autor, siento un desconcierto, un impacto brutal. Y, en cierto modo, siento un rechazo; un rechazo que ahora entiendo que se producía al sentirme profundamente desplazada de mi lugar habitual como lectora.

La obra me estaba sacando de mi zona de confort. Me obligaba a leerla de otra manera. Había algo que se movía por dentro con ella, que no sabía nombrar ni sostener, pero que me hacía volver a ella una y otra vez. Había una intuición persistente: la certeza de que el texto me estaba diciendo algo, aunque yo todavía no supiera cómo escucharlo.

Acepté dejarme interpelar por ella y entonces empecé a comprender que esa incomodidad inicial formaba parte de su propio propósito. La obra me estaba descentralizando; me estaba sacando de mí misma y colocándome en otro lugar desde el que mirarla.

En ese punto de mi lectura, necesitaba un marco desde el cual sostener ese diálogo, y fue cuando comenzaron a resonar con fuerza los postulados de la filosofía de la liberación, que me ofrecía un lugar desde el que poder sostener la incomodidad sin neutralizarla. Desde ese lugar es desde el que me acerco a la obra de Perera: desde un pensamiento que coloca en el centro a quienes han sido históricamente ignorados, silenciadas o expulsados de los relatos dominantes; un pensamiento que los sitúa como la clave para la propuesta de alternativas políticas al orden mundial vigente.

Mi lectura busca sostener esa incomodidad y reflexionar sobre lo que nos interpela, y lo hace principalmente en cuatro ejes: las víctimas, la otredad, el lenguaje y la ética.

En Ancho de ánimas aparecen en diálogo distintas figuras de la migración a lo largo del tiempo: desde el migrante aborigen y el migrante canario, hasta el migrante africano actual. Pero lo que conecta estas figuras no es solo el desplazamiento forzado, sino una experiencia compartida de marginalización, de exclusión y de silenciamiento: vidas situadas en los márgenes de un sistema que produce víctimas de manera estructural. Leerlas desde la liberación supone reconocer que no se trata de episodios aislados del pasado, sino de una herida histórica que sigue abierta y que nos concierne en el presente. Ese diálogo nos enfrenta a un otro concreto, con rostro, con historia; una presencia que exige ser reconocida en toda su complejidad y que nos interpela éticamente.

Al mismo tiempo, el lenguaje actúa como un recurso esencial e innegablemente atractivo. Recorre formas populares y ancestrales de la tradición canaria y pone en tensión los límites del decir. Hay violencias que el lenguaje habitual no ha sabido nombrar; hay experiencias que han quedado fuera de los discursos oficiales y, ante esa insuficiencia, la obra de Perera crea herramientas para poder nombrar esa barbarie que no podría decirse de otra forma.

Todo esto desemboca, inevitablemente, en una dimensión ética. Y es aquí donde mi lectura conecta con lo que José Miguel Perera denomina poelítica. En Ancho de ánimas, la poesía no se queda en el ámbito de lo estético ni en la mera denuncia simbólica. El acto poético se convierte en un acto ético y político, en tanto interpela al lector y lo sitúa ante la necesidad de responder. No se trata solo de tomar conciencia, se trata de asumir responsabilidad.

La obra desvela verdades históricas atravesadas por la violencia y el dolor, honra la memoria de quienes fueron silenciados y, al mismo tiempo, nos invita a no repetir ese silencio.

La autora durante la presentación conjunta en la capital grancanaria

En ese gesto, la poesía se convierte en una práctica de liberación: una forma de abrir fisuras en el orden establecido y de imaginar alternativas que no reproduzcan la exclusión ni generen nuevas víctimas. Y creo que ahí radica una de las aportaciones más importantes de la obra y del diálogo que propone, y que justifican el porqué de esta propuesta de lectura: la exigencia de asumir, en el presente, un legado histórico que nos atraviesa. Ancho de ánimas contribuye al horizonte cultural de las Islas cultivando memoria, reflexión crítica y responsabilidad social del lector.

Establece un diálogo intergeneracional que nos impulsa —especialmente a las generaciones más jóvenes— a analizar la realidad que habitamos y a hacernos cargo, éticamente, de los desafíos que heredamos y de los que están por venir.

Para mí, trabajar con esta obra ha sido un proceso de aprendizaje profundo, de preguntarme desde dónde pienso y en quiénes; un ejercicio de mirar de frente y asumir responsabilidades, y ha marcado, sin duda, un antes y un después en mi vida. Ahora espero que mi libro pueda abrir puertas similares para quien decida acercarse a él.

Muchas gracias.

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