Revista n.º 1048 / ISSN 1885-6039

Puntallana (I).

Viernes, 10 de febrero de 2006
José Guillermo Rodríguez Escudero
Publicado en el n.º 91

Estamos ante una zona surcada por unos profundos y bellos barrancos como el Seco, el de Santa Lucía, el de Nogales, que ofrece al visitante paisajes de singular belleza para la contemplación de la naturaleza. Después de cruzar este último se llega a La Galga, espectacular paraje con abundante agua y arboleda. Frutuoso decía que se llamaba así “por ser un sitio redondo como una galga que echan a rodar por una ladera”.

Foto Noticia Puntallana (I).



Un pueblo escribe su historia cuando la tiene y se siente orgulloso de ella, leerla, nos acerca a nuestra inteligencia, la lucha de los que nos sucedieron, que con su sudor labraron para estas tierras dulces promesas de brillante porvenir, que hoy son casi realidad, al estar despertando los recursos que siempre ha tenido Puntallana.

Lourdes Cabrera Rodríguez.


ASPECTOS GENERALES.

Antes de la Conquista formaba parte del señorío de Tenagua, séptimo reino de la isla. Su último rey, Atabara, influido posiblemente por incursiones sufridas en su cantón durante los últimos tiempos, decidió acogerse a la protección prometida por la Corona de Castilla. De esa forma convirtió Tenagua en uno de los bandos de paz que encontró el Conquistador en su recorrido por las tierras palmeras. Así nos lo relata don Manuel Garrido Abolafia, en su completo estudio sobre el “municipio de las nueve montañas”. Esto, unido a su privilegiada climatología, a su excelente tierra, a la abundancia de manantiales, a la proximidad al principal núcleo poblacional, y al reparto de tierras que hizo el Adelantado, sirvió para que rápidamente esta zona se colonizase.

Este pequeño trozo del Este de La Palma, de algo más de 35 km2, fue importante por su dedicación al cultivo del trigo y el grano, de aquí el nombre de uno de sus barrios: El Granel. Gracias al cúmulo de condiciones favorables que se daban en esta vertiente insular, los pastores ascendían hacia la cumbre buscando los bosques de pinos a lo largo de dos rutas principales, ambas con origen en la costa. Todo ello proporcionó a sus moradores excelentes vinos, carnes y frutas.

La localidad se extiende de mar a cumbre en un triángulo de tierras fértiles bendecida por los vientos alisios que transportan las nubes, alimentando el importante acuífero y manantiales de las que hacen gala sus habitantes.

Las zonas de Piedra Llana y Cotillón eran los núcleos pastoriles más importantes de la comarca. Gran cantidad de pastores se asentaron allí atraídos por un amplio campo de visión y control de pastizales y también por la cercanía a dos fuentes: “Vizcaína” y “Mejorana”. Una extraordinaria área por contar con tres yacimientos religiosos compuestos, al menos, como nos dice don Felipe Pais, por tres estaciones de grabados, otras tantas aras de sacrificio y numerosos abrigos pastoriles.

Estamos ante una zona surcada por unos profundos y bellos barrancos como el Seco, el de Santa Lucía, el de Nogales, que ofrece al visitante paisajes de singular belleza para la contemplación de la naturaleza. Después de cruzar este último se llega a La Galga, espectacular paraje con abundante agua y arboleda. Frutuoso decía que se llamaba así “por ser un sitio redondo como una galga que echan a rodar por una ladera”.

La tierra es tan profunda y arcillosa que por mucho agua que llueva, todo lo embebe y por eso se llama Tenagua, o porque hay entorno cuatro o cinco fuentes (Gaspar Frutuoso).


También existen algunos hermosos rincones rurales en donde parece haberse detenido el tiempo, como los aledaños de la preciosa ermita de Santa Lucía. Se trata, en realidad, de una gran hacienda que fue instituida como mayorazgo. La más amplia extensión de este terreno fue ocupada por Juan Fernández de Lugo Señorino, Gobernador, Juez y Repartidor de tierras y aguas de la isla, recibida en pago a su participación en la conquista por su tío, el Adelantado de Canarias don Alonso Fernández de Lugo.


POBLACIÓN.

En cuanto a su población, en 1991, por ejemplo, tenía 2249 habitantes de derecho, una densidad de 64 habitantes por kilómetro cuadrado, curiosamente la misma que en 2001. El primer censo que se conoce data de 1587 y fue confeccionado por el Obispo de Canarias. En esta fecha había sesenta vecinos, aunque muchos de los propietarios no residían en la zona. Algunos de ellos eran herreros, tejeros, carpinteros, en definitiva, artesanos. Entre los primeros propietarios de la zona, destacamos a Martín Luis, Polo Rizo, Margarita Henríquez y Juan Hernández de Lamego. Además de la célebre y rica familia Monteverde, otras importantes sagas tuvieron tierras en El Granel y también las pusieron en régimen de tributo, cesión o venta. Ya en 1820 se promulga la ley desamortizadora y desvinculadora de tierras y los grandes propietarios van cediendo tierras, pudiéndose decir que hoy en día la propiedad está muy atomizada y repartida entre numerosos vecinos en las dispares entidades de Tenagua, Santa Lucía, El Pueblo, El Granel y La Galga. La distancia a Santa Cruz de La Palma es de tan sólo 9 kms.

Precisamente fue muy célebre un hecho ocurrido en La Galga en 1912, cuando la Casa Cabrera de la capital –apoderada de los mayores propietarios de la zona– decidió poner los terrenos en venta. Los vecinos no tenían dinero y gracias a un emigrante retornado, don José Hernández Hernández – que se había erigido como avalista del pueblo depositando una fianza de 15.000 ptas.-, finalmente pudo constituirse una sociedad y afrontar la venta. Gracias a la generosidad del indiano, actualmente La Galga se halla repartida entre muchos vecinos del pago. Una población que tiene aproximadamente 2300 habitantes hoy en día.


PAISAJE.

Una de las principales características de su paisaje, la constituyen el conjunto de conos de piroclastos y sus lomas, desde donde se dominan los cultivos de secano y sus verdes montes de pinar canario y laurisilva, surcados por profundos y numerosos barrancos, como los del Agua y Nogales. La humedad aportada por los vientos alisios ha permitido el afloramiento de numerosas fuentes y manantiales.

Desde el Barranco Seco hasta el Barranco de La Galga, Puntallana recorre innumerables rincones que han marcado su historia, con una ubicación privilegiada que hizo que zonas como la llamada Siete Cejos se convirtiese en una auténtica referencia insular, cuando los puntallaneros avisaban con bucios de las incursiones piratas a los habitantes de Santa Cruz de La Palma (Leonardo Fajardo Muñoz).

Sus excelentes tierras, donde antiguamente se cultivaban diferentes cereales, hicieron que en el pasado se considerara a este término como el granero de la isla, como queda recogido en la toponimia: Puerto Paja, el Granel, Puerto Trigo. En la actualidad, su economía se basa en el cultivo de la vid, plátano, hortalizas y frutales. Asimismo, se debe destacar el desarrollo y auge que está adquiriendo en la zona el turismo rural.


PENALIDADES.

Curioso y digno de mención es el informe elaborado por la Agencia de Extensión Agraria de San Andrés y Sauces, a la que pertenecía Puntallana (Actas del 21.04.1971) donde se hacía un repaso a la situación de La Galga: “los ingresos principales los obtienen de la horticultura de la que cultivan casi 20 Ha., además de plataneras (15 Ha.) y también cada familia cría 4-6 cabras, y 1-2 vacas, además de animales de corral (gallinas, conejos, cerdos), destinando casi todos estos productos al autoconsumo y sólo obtienen unos pocos ingresos de las hortalizas y la platanera, pero que en pocos casos superan las150000 ptas brutas al año. Son gentes de economía muy modesta (…)”.

Efectivamente, a lo largo de toda su historia, y así es como se recoge en numerosas actas, escritos, estudios… los puntallaneros han sufrido numerosos apuros económicos hasta la actualidad.

El agrimensor don Manuel de la Cruz González, encargado de realizar un plano de la isla, presentó en 1876 una memoria en la que decía: “Se halla este pueblo, situado al Este de la Isla, contiguo a la jurisdicción de la Ciudad, muy atrasado en el cultivo por la desidia de sus moradores, pues siendo el más propio para toda clase de árboles es el único que se ha mirado con un lamentable abandono (…)”. El periódico El Time (julio de 1865) se hacía eco de la gran escasez de carbón, lo que repercutiría en las herrerías puntallaneras. En 1885, en las Actas municipales se mencionaba “la notable escasez de metálico que se advierte en esta localidad (…)”. En 1889 el Ayuntamiento, intentando evitar un nuevo aumento en el impuesto del consumo, se pronunciaba: “considerando que es del todo punto imposible la realización de dicha cantidad por el estado de miseria a que se haya reducida esta población (...)”. Seguía diciendo que “el principal alimento era un grosero pan que se confecciona con harina de la raíz de helecho silvestre”. En un escrito al Marqués de Comillas, se le pedía que “recurrimos a su nunca desmentido patriotismo rogándole que salve nuestra mísera situación, pues faltándonos los ingresos de plátanos, tomates, almendras y patatas enviadas a Inglaterra y a Francia (…)”. En 1962 un Oficio de la Alcaldía acerca de la indigencia en el municipio recogía que eran seis familias las que habitaban en cuevas o chabolas.


LA EMIGRACIÓN.

El espectáculo que ofrece la salida de los buques de esta matrícula para la isla de Cuba, no sólo es capaz de causar una penosa impresión en la esfera del sentimiento, sino que despierta también serias reflexiones en toda persona que estima algo la suerte de sus hermanos y anhela los adelantos y prosperidad de esta isla (...).

«Emigración a América», El Time, 7.1.1867.



El estado de necesidad al que se vieron abocados numerosos habitantes de Puntallana propició la búsqueda de fortuna en América durante el siglo XIX y principios del XX, sobre todo a Cuba y Venezuela. En este municipio, la emigración afectó prácticamente a todas las familias. Garrido Abolafia nos informaba de que, a efectos del sorteo para ejercer el servicio militar, “durante los años comprendidos entre 1883 y 1891 fueron sorteados un total de 135 jóvenes de 19 años, de los cuales 74 se encontraban en Cuba (…)”. Un año de gran actividad migratoria fue 1888, sin duda motivada por las malas cosechas. Numerosos testimonios de las personas más ancianas del lugar cuentan cómo en la posguerra era frecuente consumir la harina hecha con raíz de una planta conocida como “norsa” (Tamus Edulis). Un dicho popular rezaba que algo “es más duro que la norsa”. Otro dicho picaresco conocido por todos era “Puntallana, donde te venden el palo dos veces”, fruto de la sabiduría popular que otorga la escasez de medios.

Era casi un motivo de fiesta la bajada hasta la costa puntallanera donde los lugareños se aprovisionaban con los frutos gratis del Atlántico: lapas, sal, burgados, pescado. Sólo era posible este aprovisionamiento cuando el mal estaba en calma o casi, puesto que las corrientes costeras de la zona obligaban a extremar la precaución.

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