Revista nº 761
ISSN 1885-6039

La restauración del venerado Cristo de La Laguna.

Sábado, 19 de Noviembre de 2011
Redacción BienMeSabe
Publicado en el número 392

La restauración del Cristo de La Laguna (Tenerife) comenzará el próximo jueves, 24 de noviembre, tendrá una duración de alrededor de tres meses y se realizará en instalaciones aledañas al propio Real Santuario del Cristo. Así lo anunció el esclavo mayor del Santísimo Cristo, Iván González, acompañado por el alcalde de la ciudad, Fernando Clavijo, el presidente del Cabildo de Tenerife, Ricardo Melchior, y el Obispo de la Diócesis, Bernardo Álvarez. Dicho proceso de restauración de esta venerada imagen religiosa correrá a cargo de un equipo de expertos, de prestigio mundial, procedentes del Instituto Real de Patrimonio de Amberes, en Bélgica, referentes internacionales en la materia.

 

Previamente, el martes 22, a las 18:30 horas, se realizará una ceremonia extraordinaria de Descendimiento del Cristo, seguida de un besapié, tras lo cual la talla quedará en disposición de ser restaurada. No obstante, durante el periodo de tiempo que duren los trabajos, el Real Santuario situado junto al antiguo Convento de San Miguel de Las Victorias seguirá abierto al rezo y al culto religioso en sus horarios habituales.

 

El plazo estimado es que el Cristo lagunero vuelva al retablo mayor de su Santuario, completamente restaurado, en el mes de marzo del próximo año, y, en todo caso, antes de la Semana Santa de 2012.

 

Captación de fondos. En el acto también se hizo pública una campaña de promoción para la captación voluntaria de fondos entre todos los ciudadanos, entidades y empresas que deseen colaborar. Para ello se ha habilitado una cuenta especial en CajaCanarias, a disposición de todos los interesados en cualquier oficina de la entidad. Quienes participen en este proceso, y en función de sus aportaciones, podrán recibir unos diplomas especiales de colaboración, de edición limitada, para lo cual deben dirigirse a la tienda oficial del propio Santuario del Cristo.

 

El objetivo es que las aportaciones populares y la derrama extraordinaria que aportarán los propios esclavos del Cristo cubran la mitad de los costes totales del proceso de restauración, valorado en unos 150.000 euros. La otra mitad de la citada cantidad la aportarán el Cabildo de Tenerife y el Ayuntamiento lagunero, en atención al valor histórico-artístico, religioso y cultural del Cristo para la ciudad de La Laguna y la isla de Tenerife.

 

Sobre el Cristo. El Cristo de La Laguna es una de las imágenes del Señor Crucificado más queridas y veneradas en Canarias, además de una joya del arte flamenco, obra del artista Luis Van Der Vule a principios del siglo XVI, que recalara en Canarias al amparo de las intensas relaciones comerciales y de obras de arte de la época entre los Países Bajos y el resto de Europa.

 

La ruta del Cristo hasta la ciudad lagunera comenzó en un trayecto desde los Países Bajos a Venecia; de esta urbe italiana fue a Barcelona y de aquí a la localidad gaditana de Sanlúcar de Barrameda, donde estuvo algunos años. Finalmente recaló en La Laguna tras las primeras décadas del siglo XVI (se cree que fruto de las buenas relaciones entre el Adelantado Fernández de Lugo y el Duque de Medina Sidonia).

 

 

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Comentarios
Sábado, 31 de Diciembre de 2011 a las 14:26 pm - Trimegisto

#03 “Donde dije digo…”

Los esclavos de la Real y Venerable no se han hecho esperar. Sin mayor sorpresa para el que esto suscribe se van filtrando en prensa nuevos datos sobre el desarrollo de los tratamientos a los que está siendo sometido el “madero de Flandes”. Y por supuesto, tal y como veníamos anunciando, la información deja ya entrever la intención definitiva que se ha tendido deliberadamente sobre la pieza. Para apaciguar a los fieles se han transmitido falsos mensajes que prometían el mantenimiento de cierto statu quo para con el aspecto resultante de la pieza. Poco a poco, cuenta les trae a la Esclavitud, echan palomas mensajeras con cortas y conciliadoras misivas, ya que lo que no tendría sentido es preparar semejante artillería para que finalmente todo quede en fuego de artificio. Efectivamente, el IRPA no podía justificar una restauración de tapadillo después de todo. Como profesionales que son, eso no lo dudamos, no van a dejar de acometer el potencial rescate de su aspecto primitivo, o al menos su tentativa. Atentos a lo que está por venir: “descontento popular”; “traición al Morenito”; “ese no es el que conocía de toda la vida”; “pasó como en Tacoronte” y titulares o declaraciones semejantes se dejarán oír por todas partes, no sin que sus devotos tengan pleno derecho en pronunciarlas. No insistiremos en lo que se dijo meses antes sobre este asunto tan controvertido. Pero en cualquier caso, no parece decente prometer lo que la gente desearía para no provocar las dudas de los contribuyentes que responden con su peculio a la campaña de recaudación popular.

El hecho es que sin contar con sortilegios esotéricos nos atrevemos a decir mucho, pero el tiempo nos está dando la razón, y todavía queda para largo y tendido.

La última noticia oficial, firmada por Barbuzano en El Dia se publicó el 19 de diciembre del declinante año, observándose incoherencias como: “en estos momentos presenta un tono un poco más claro, el mismo con el que llegó a la isla de Tenerife en 1520”

Vamos a ver, si llegó un poco más claro significa que no estaba del todo limpia en 1520, porque los donantes de la época gustaban de entronizar figuras ex novo con los criterios de anticuariado vigentes en los talleres brabanzones, ¿verdad? La locura al poder de sus respetables señorías. Si se importó desde lo mejorcito de Europa, según el gusto contemporáneo manifestado por la élite hispánica, qué sentido tiene traerla ligeramente betunada por ultramar. No estimamos oportuno aclarar semejantes cuestiones, pero cómo el común de los mortales es para los promotores de esta restauración poco menos que retrasado, hay que convencernos de que visto de esta manera no es para tanto. Luego publicarán otra perorata ensalzando la palidez del Cristo, a suerte de una culturización progresiva de la plebe, que no digo que no haga falta, pero no a martillazos.

Y para que nadie se atreva a decir que esto no es más que una mera opinión relativa pondremos por delante las catas de limpieza practicadas a priori sobre el madero de la discordia, las cuales revelaron en su día un cambio más que notable respecto al color que estamos acostumbrados a ver. O sea, que eso de que la imagen llegara en el S. XVI “un poco” más clara suena a que lo publicado sí está sujeto a imperativos relativistas. Permítanme otra irreverencia a colación, pero muy gráfica para entender el sutil concepto de pátina: visto de lejos, el semblante del Cristo en los carteles publicitarios bien pasaría por la promoción de la última película de Morgan Freeman. Que aún se permitan el atrevimiento de perjurar que el Cristo seguirá siendo moreno y a la sazón declarar que lo dejarán como lo trajo el Adelantado me parece no ya rozar, sino dar de lleno en el absurdo. Otra cosa es que se opte por una media limpieza, llegándose a un estado intermedio entre su arribada a la isla y el estado que manifiesta inmediatamente antes de la presente restauración. Ahora bien, que no nos quieran dar gato por liebre. Si se ven tantos detalles de la policromía (hematomas, escoriaciones, hemorragias) habrá que apurar un poquito, digo yo. En todo caso este matiz de la limpieza quedará en suspenso hasta la gran “puesta en blanco” de su presentación pública, sin que por ello la información en prensa deje de ser un sinsentido.

Un juicio personal: dada mi experiencia, a la luz pública toda intervención sobre el patrimonio material manifiesta una tendencia a la polémica, pero sobre todo cuando las intenciones son polémicas. El profesional cuenta “presumiblemente” (siempre hay que decirlo) con todos los criterios a su favor, ahora bien, rara vez se libra de imperativos económicos, políticos, temporales, y hasta cultuales (tratándose de arte sacro) que determinan la dirección de las intervenciones y en consecuencia su desarrollo óptimo.

En este sentido, hay que declarar que buena parte de los problemas eventuales para una restauración viene de la mano de los mismos promotores, a tenor de arbitrariedades de corte estético o práctico no coincidentes con la ortodoxia profesional. Cuando los que detentan la gestión o tutela patrimonial (o como en este caso los que ilegítimamente se la atribuyen) saben que una restauración será mediática o estará sujeta a una expectación masiva, se establece firmemente, qué protocolo seguir de cara al graderío.

En esta ocasión se inducirán cambios notables, provocando un rechazo de facto desde el sentimiento popular, por eso se convoca el consenso institucional participante y luego se decide qué dar a la luz y qué ocultar según los intereses derivados. Luego pretenden disfrazarlo con una transparencia más que dudosa.

Pero en todo esto subyace un problema. Mal andamos cuando respetamos tanto un objeto de culto para una confesión religiosa; tanto como para tomar el pelo a sus crédulos militantes en su nombre. Bien merece una restauración legítima pero sin temor a que no paguen el restante si no les siguen el rollo dichoso del apelativo “morenito”.

Yo les rogaría a la próxima, que no la habrá después de esto, reprímanse antes de andar mareando la perdiz con la cuestión de marras y pongan las cartas sobre la mesa. Porque si yo fuera un reconocido profesional no tendría ninguna necesidad de supeditar una excelente restauración a una pseudo-restauración determinada por aspectos no científicos o artísticos, renunciando así a una tarea que no implicara el intento de devolución de su imagen potencial óptima, y que en este caso se corresponde obviamente con la primitiva.

Que conste que aspirar al aspecto original no supone sine qua non la omisión de otras facetas de importante calado para el ideario popular y otras dimensiones antrópicas de sensibles implicaciones culturales; pero nunca se deberán imponer a la definición del Ente Patrimonial porque entonces no se atendrá al marco legal que regula su gestión. ¿Debemos por tanto pretender la descatalogación del grueso sacro de entre los Bienes Culturales adscritos a las competencias nacionales y autonómicas, por el bien de una devoción inmovilista? ¿O en su defecto, declarar inútiles las comisiones mixtas entre administración y titulares? En estos casos hay apelar al sentido común, a la honestidad, al deseo conciliador entre los distintos enfoques de la misma realidad material, y al absoluto dominio de la deontología restauradora para compatibilizar en lo posible el hecho religioso con del hecho artístico, y de ningún modo al revés. Porque entonces estaríamos contribuyendo al relativismo que rodea perniciosamente sobre una profesión cuya utilidad quedará totalmente en entredicho, ayudando a desdibujar aún más la figura del restaurador mientras falsificamos o recreamos un Patrimonio “a la carta”.

En otro orden de cosas, el slogan mercantil que luce en todos los carteles repartidos dentro y fuera del municipio, reza: “Ahora, Él te necesita” y nosotros añadiríamos “Ayúdale como queremos que le ayudes, que tú opinión importa para lo que nos interesa”.

Cómo nos ayudas a la Esclavitud y organismos que la amparan:

- Engañando a los incautos fieles con la imposible permanencia de unos caracteres estéticos que devalúan notablemente la imagen pero que la definen en su piedad popular. Sentimientos devotos estos a los que apelamos para que no la vuelvas a reconocer después de liquidar tu donativo.

- Tirando tu dinero para pagar a unos profesionales que por no residir en la isla van a gozar de Tenerife a tu costa, cuando sobran profesionales cualificados tanto nativos como residentes que agradecerían que tu capital no fuera a parar a instituciones que no revierten para nada a la economía isleña.

- Rentabilizando el gasto supuesto en publicitar la restauración y convocar el donativo popular mediante reclamos colocados en numerosos carteles y paneles, como el que encontramos en la salida del Hospital Universitario, del que no dejamos de omitir cierta interpretación perversa apelando a las costumbres piadosas en compensación para con nuestros familiares enfermos.

- Sufragando una feroz operación de merchandising que dará lugar a las nuevas estampas y artículos religiosos con la imagen actualizada del “no tan morenito” para que tires la vieja y reces con renovado, o mejor, “restaurado” espíritu.

- Rentabilizando aún más la actuación de los profesionales responsables a través de actividades derivadas, porque seguirán ganando dinero en conferencias nacionales e internacionales del gremio así como publicando artículos o monografías de su restauración.

- Ayudando a la especulación editorial derivada de la publicación del libro ex profeso, cuyos derechos de autor revierten no se sabe a quién, cuestión bien atada por los promotores de la restauración que dudo mucho no se lleven un pico de las ventas.

- Prestigiando a una institución que no necesita consolidarse profesionalmente y que sólo puede ser tentada mediante un reclamo económico. Repito, prestigiando, porque del descontento en esta isla atlántica no llegarán si acaso más que débiles ecos a las tierras que riega el Escalda.

Podríamos seguir pero creo que ya ha quedado claro. Y todo ello con menoscabo de todas las demás devociones de arraigo en Tenerife, incluida La Candelaria.

Por último, ya empiezan a aparecer opiniones encontradas como la que se incluye a final del artículo referido: “Acerca de la cantidad citada para la restauración, son muchos los que afirman que les parece desorbitada y que con ella afamados imagineros podrían hacer al menos dos tallas nuevas del Cristo.”

Desearía apuntar dos humildes observaciones al respecto. No somos muchos sino todos menos los implicados, quienes ven un despilfarro ya no impropio para los tiempos que corren, sino para las décadas de bonanza que hemos conocido. Semejante gasto es inédito en nuestra historia para una sola escultura. Es una imagen no un inmueble. Y en cuanto a los escultores que cobrarían 75.000 euros por una talla completa yo estoy barajando algún que otro: qué tal Michelangelo Buonarroti, incluyendo en el precio la invocación por una médium.

Si les parece irreverente esta última anotación, piensen que más risueños están aquellos a quienes las instituciones les han bailado el agua poniendo por delante el interés común de esta pieza del patrimonio cultural insular. Y como broma parece difícil de encajar con semejante panorama para las arcas públicas y monederos particulares. Si lo que acabamos de proponer es un disparate, me cuesta no menos imaginar qué celebridad de la imaginería tendría el mismo caché que Miquel Barceló, por ejemplo, contemplando que la demanda de tales labores es eminentemente popular. No conozco muchas cofradías o hermandades que estuviesen dispuestos a dejarse tanta piel para una sola imagen por excelente que fuera. Se está hablando de realizar un facsímil, para lo cual los escultores de oficio cuentan con técnicas modernas y tradicionales que facilitan con mucho el proceso. Es decir, que en el hipotético caso de la sustitución por otra idéntica pero de manufactura contemporánea, tendríamos que ceñirnos a un encargo de carácter técnico, exento de las especulaciones económicas comúnmente aplicadas la creación artística de las últimas décadas. Qué me van a contar. En todo caso, tanto si se hubiera decidido su sustitución por una réplica como si no, el ejercicio de una restauración correcta resulta indiscutible, no tanto para su preservación como para la devolución de sus méritos estéticos y su fiel interpretación histórica. Ahora bien, prisa no había, y ¿qué decir del juego al despiste más los costes astronómicos?

Seguiremos siendo testigos de la previsible sucesión de acontecimientos a través de la información controlada por entes especuladores, que no cesa de reincidir en la premeditada indefinición y hasta en la más absoluta antítesis argumental (accidente este que suele acontecer cuando se desconoce el asunto de disertación).

Trimegisto. 27-12-2011

Domingo, 20 de Noviembre de 2011 a las 23:23 pm - Trimegisto

#02 “Bienvenido Mr. van der Euren”

Tal y como veníamos anunciando desde hace ya una semana en el comentario “Apostilla crítica sobre la restauración del Cristo de la Laguna”, el resultado de la adjudicación era más que previsible. Debemos entender que la decisión cuenta con el beneplácito del órgano gestor del patrimonio sacro en nuestra provincia, la correspondiente Delegación Diocesana, pero podemos deducir que en este caso, y dados los intereses implicados, la Esclavitud ha detentado un papel capitalizador. Bien es cierto que cualquiera de los aspirantes, tanto instituciones y como particulares, reunían independientemente el perfil profesional con sobradísimos méritos y credenciales académicos. No obstante nos atrevemos a adivinar cierta premeditación en los acontecimientos recientes.

Lo más paradójico de esta circunstancia es que se tiene una suma aproximada sin contemplar el montante. ¿Y les parecerá poco 150.000 euros por una sola escultura? Los tratamientos se ejecutarán en La Laguna. Es decir, que debemos descontar a los gastos totales un capital nada desdeñable, implicado por el traslado a las instalaciones del IRPA, y los preceptivos seguros de transporte, embalajes, aranceles, correo (personal responsable de la tutela de la pieza durante el traslado, acompañándola físicamente para garantizar el cumplimiento de las condiciones logísticas y administrativas). Si esto es así, habrá que pensar que dicho equipo de estrellas de la restauración se alojará en el Mencey ¿Qué pensarían nuestros invitados por inferior hospitalidad? El vuelo en primera, por supuesto. Y qué dietas, ¿traerán los mejillones de la ribera del Mar del Norte, porque no les complace el marisco nacional? Por favor, no nos traten como ignorantes. Con un par de personas por el tiempo que han estimado es más que suficiente. Pero no, ocho especialistas nada menos (ojo: “los mejores del mundo”), a quienes colmarán de agasajos.

El común de los laguneros podrá asumir o no esta cuestión resbaladiza, pero a los que tememos la restauración como exclusiva actividad económica nos hacen sentir idiotas como poco, porque de momento es un completo sinsentido. En todo caso, estos gastos son adicionales y no determinarán el resultado de la restauración, que de hecho, puede ser ejecutada en la isla sin necesidad de los costes implicados en la venida y alojamiento de los belgas, a parte de los no declarados.

Incluso ha sido subestimada la propuesta de la máxima autoridad nacional en arte flamenco, quien habrá tenido que consultar a los especialistas técnicos, ya que D. Matías Padrón no es restaurador, sino conservador del Museo del Prado, término que no debe confundirse con el de restaurador-conservador de obras de arte.

Las aspiraciones grandilocuentes de semejante decisión, van más allá de lo que la imagen demanda en términos estrictos. Un equipo foráneo será el responsable de la intervención, en un desdeñoso gesto de los responsables hacia los profesionales activos en Canarias, que por otra parte, muchos de ellos han concluido su formación fuera de nuestra geografía. Pero dada la magnitud del asunto y de los problemas que pueden derivarse de la acogida popular de esta intervención, los venerables esclavos echan el cabo afuera y delegan a los más “imparciales”, los más ajenos a condicionantes empáticos, lo que debería garantizar la objetividad de la restauración programada. Sin embargo aún leemos declaraciones contradictorias como que “La sociedad deberá estar tranquila con respecto al color de la talla, ya que conservará su actual color” Entonces expliquen por qué se ha programado una limpieza de capa pictórica, y es más, qué razones aducen los belgas para cobrar la talegada si “el Cristo sólo será objeto de una intervención de limpieza y consolidación de su policromía”. Insistimos en que por muy delicado que sea el primero de los tratamientos no hay que ejecutar operaciones de restablecimiento mecánico, ni consolidación de soporte, ni retirar repintes ni etc. etc. etc. Rogaría que todas estas cuestiones fueran esclarecidas para una mejor comprensión de los hechos porque no se sostienen. La principal razón esgrimida para esta restauración, habiendo otras muchas piezas en franco deterioro, es de cariz eminentemente estético, y tienen el descaro de subir los costes más de seis veces de lo que cualquier profesional honesto pediría por la obra.

En este punto, ya sólo queda preguntar: ¿entonces para que se va a restaurar el dichoso Cristo “morenito”? Y aún hay más: una institución como el IRPA pone en práctica criterios de especial índole museística, ajenos al devenir devoto de cualquier caso comprometido como es el que discutimos. ¿Nos quieren convencer de que no se le van a retirar las tenebrosas pátinas que el mantenimiento secular ha convertido, para bien o para mal, en un rasgo más de su idiosincrasia cultual y hasta en un elemento iconográfico de la escultura. Una vez más, ¿para qué su restauración? ¿Cuál es su imperativo? Lo que se infiere de toda la información vertida por los medios de comunicación es que no parece que exista una dirección definida en la manera de abordar el problema de cúal será el aspecto legítimo de esta imagen. Algo que, con el convenio de todas las partes y tras los análisis pertinentes, se puede deliberar y debería estar zanjado en este punto de los acontecimientos. No defendemos con ello la pasividad ante la devaluación que sufre esta pieza, pero observamos que se promueve la confusión en términos técnicos que no terminan de aclarar cómo será esta actuación.

Desconocemos si finalmente se llevará a cabo la campaña de marketing que como tentativa se barajaba a soto voce en los círculos cercanos a la Esclavitud, pero aun así, se podrían ahorrar algunas partidas extras para destinarlas al resto del patrimonio insular.

Asistimos con estupefacción como el clima devoto y académico influye sobre los organismos públicos que consienten y avalan semejante desfase económico. Por supuesto, todos los fieles estarán dichosos de ir a solicitar ayuda a su Cristo recién restaurado para que les saque de este trance de carestía laboral en que se encuentran.

Para más señas, si quieren saber de lo que hablo exactamente, pregúntenle a cualquier sacristán o párroco de Brujas, Gante o Lovaina lo que se han gastado por restaurar imágenes análogas, por no decir idénticas, a la que se conserva y venera en el ex-convento franciscano de la ciudad de los Adelantados, exponente de un arte profuso en otras latitudes y sobrestimado en nuestra tierra respecto a sus singularidades artísticas. Su trascendencia como objeto de culto permite justificar estos abusos económicos sin decoro, y en su decisión, la Esclavitud deja de manifiesto que el célebre Cristo sigue siendo de Brabante y no de la Laguna.

Sábado, 19 de Noviembre de 2011 a las 10:30 am - José Guillermo Rodríguez Escudero

#01 Enhorabuena por esta esperada y acertada acción. Aprovecho este espacio para recordar que, otra exquisita pieza flamenca de principios del siglo XVI, el Santísimo Cristo de Los Mulatos de Santa Cruz de La Palma, necesita una urgente restauración. Enhorabuena por estas iniciativas. Hay aún mucho por hacer. Gracias y un abrazo