Revista nº 945
ISSN 1885-6039

Luis de Padilla Ortiz, recordador en la lejana Manila de versos de Cairasco. Unos versos latinos.

Viernes, 28 de Enero de 2022
Antonio Henríquez Jiménez
Publicado en el número 924

Nuestro Luis Ortiz de Padilla, tan conocedor de Cairasco, que recuerda de memoria sus versos, y se los transcribe al jesuita Joan de Ribera por 1611, debió ser gran amigo del canónigo canario, y no me extraña que participara en su célebre tertulia dedicada a Apolo Délfico.

 

 

Don Agustín Millares Carlo, en su Ensayo de una Bio-bibliografía de escritores naturales de las Islas Canarias (Madrid, 1932, págs. 389-390), presenta la entrada: “Ortiz de Padilla (Luis)":

Hijo de Francisco de Padilla, que vino a Canarias con el primer inquisidor don Luis Padilla Villalobos (1527), y de doña Constanza de Ortiz. Nació en Las Palmas. Según escribe Fernández de Béthencourt, Nobiliario, III, pág. 52, fue notable jurisconsulto, consultor y calificador del Tribunal de la Inquisición, regidor perpetuo de Canaria, oidor y fiscal de su Magestad en la Real Audiencia de Manila. Vivió casado con doña María Guillén de Figueroa, hija de Adán González y de D.ª Luisa Guillén de Figueroa”.

 

Ofrece Millares Carlo dos entradas de sus obras: 1: “Relación de las islas Filipinas y otro discurso más sobre lo sucedido en los años de 1618 y 19 en 77 hojas. El documento es propiedad de don Ruperto Delgado, de Las Palmas. 2: Un soneto en los preliminares de la obra de Luis Pacheco de Narváez, Libro de las grandezas de la espada. Millares Carlo dice exactamente: “En los preliminares de la obra de Pacheco de Narváez citada en el artículo anterior1, se lee el siguiente soneto laudatorio”. En el libro de Pacheco: “Soneto del Licenciado Luis Ortiz de Padilla, Regidor de la isla de Canaria, y Abogado de la Real Audiencia della, al Autor”:

 

 

Dice el Derecho que es muy fácil cosa2
añidir y seguir lo comenzado,
y a esta regla, sin duda, ha limitado
vuestra obra, gran Pacheco, milagrosa.

Pues con tal discreción, comento y glosa
descubrís a Carranza disfrazado,
dejándole tan claro y aumentado
cuanto se echa de ver por vuestra prosa.

Por ella merecéis corona y lauro,
pues deja desde hoy más enriquecida
la vida, honor, el ser, la paz, la guerra,

y opreso el cita, el anglio, el chino y mauro;
y con ser línea recta, no torcida,
cercará todo el orbe de la tierra.

 

 

En el tomo V de la Biobibliografía de escritores canarios... (1987, págs. 287-293), se amplía la biografía de Ortiz de Padilla: nace en febrero de 1567, su padre es Luis, corrigiendo a Fernández de Béthencourt; terminó sus estudios en Salamanca en 1589; se licenció en Cánones en Alcalá en 1595; en Las Palmas ejerció la abogacía; es nombrado regidor en 1596; en 1597 se le nombra relator de la Audiencia de Filipinas; estuvo casado con doña María Guillén de Figueroa; en Filipinas desempeñó el cargo de abogado de pobres de la cárcel; en julio de 1605 fue nombrado provisor y vicario general del arzobispado de Filipinas por el prelado fray Miguel de Benavides. En octubre de 1608 se le nombra auditor general del Real Campo y asesor en las causas de gobierno. En 1619 está en Manila como letrado del tribunal del Santo Oficio de las Islas Filipinas. Por declaracion de Bernardino de Palenzuela, procurador general en la Corte de la isla de Canaria, en la información practicada en Madrid en 1624, a instancia de Francisco de Padilla, para acreditar que era hijo del licenciado Ortiz de Padilla, se sabe que llegó a Madrid desde las Islas Filipinas con su hijo.

 

A las dos obras citadas en el Ensayo..., se suma otra obra, manuscrita, de 1611 (con añadidos en 1612), titulada Respuesta del licenciado Luis Ortiz de Padilla a un billete del reverendo padre Joan de Ribera, predicador y rector que fue de la Compañía de Jesús en Manila. Está firmada por “el licenciado Luis Ortiz y Villalobos”. Al final de la adición al manuscrito firma con sus cuatro apellidos: “El licenciado Luis Ortiz de Padilla Villalobos y Rioseco”. El documento manuscrito, de 55 hojas foliadas, se encuentra en el archivo de don Sixto Sall Bravo de Laguna, descendiente de Ortiz de Padilla3. Millares Carlo y Hernández Suárez describen el manuscrito, y presentan su contenido en las páginas 288-291 del tomo V de la Biobibliografía... Contesta al jesuita, y habla de un libro titulado Polyanthea; cita al glosador del Derecho Francisco Accursio (doctor boloñés de ca. 1182-1260), que le sirve para elaborar la respuesta al jesuita. Promete, “como canario en patria”, levantar su canto a la altura del monte Atlante, “vecino de aquella isla mía, que aunque tiene el nombre de grande... será forzoso entrar cantando la victoria a vuestra paternidad, por faltarme caudal suficiente a tan alto argumento y tema como encierra el dicho billete”. En la Respuesta... al “billete”, nos enteramos de que en él Joan de Ribera habla bien de los apellidos “Padilla, Ortiz y Villalobos”, de Juan de Padilla y su mujer María Pacheco, de los comuneros de Castilla. También se cita a doña María Díaz de Padilla, reconocida por reina después de su muerte por Pedro I el Cruel. La Respuesta... a un billete de... Juan de Ribera contiene cinco capítulos. Habla de su trato con Argote de Molina, “Del renombre de Padilla”, “Del apellido de Villalobos”, “Del renombre de Ortiz”, de la descendencia.

 

En el artículo dedicado a don Bartolomé Cairasco de Figueroa del tomo II de la Biobibligrafía... (págs. 147-149), se presentan las alusiones a Cairasco en la citada Respuesta... a un billete de... Juan de Ribera. Entre ellas se transcriben cinco piezas de Cairasco en verso de arte menor, de las que tenemos noticias solamente por esta Respuesta... de Ortiz de Padilla4. En primer lugar, dos estrofas de la “Carta que el canónigo Cairasco envió de Canaria a un compadre suyo”, las que empiezan por “que rebatos de un ingenio” y “que estas haciendas de azúcar” [núm. 3, son las quintillas 4 y 5]. Dichas estrofas aparecen en la Respuesta..., después “de reproducir un pasaje del Templo Militante (“Vida de San Tiburcio, 11 de agosto”), y de ponderar la sólida doctrina que Cairasco da al mundo ‘tan enmelada con su ingenio azucarado’; y añade: “Y es verdaderamente señor de un ingenio de azúcar en Canaria, y así me vienen a la memoria unas redondillas que escribió a un su compadre tratando de la vida y cuidados de su ingenio”. Las quintillas 4 y 5 dicen:

 

 

Que rebatos de un ingenio
me tienen vuelto en armenio
de canario, y aún peor;
igual fuera ser pastor
en las cumbres de Partenio.

Que estas haciendas de azúcar,
aunque son dulces, amargan,
y es menester ser un Fúcar
en Sevilla o en Sanlúcar,
donde cargan y descargan.

 

 

Después de transcribir entera la “epístola”, donde se encuentran las dos quintillas, viene otra mención al “gran canónigo Cairasco” por Ortiz de Padilla, al hablar de lo que dijo “a un vejezuelo (letrado en el nombre), en Canaria, año de 1592, en una carta en verso escrita en nombre de unos gentiles canarios que hubo de fama en aquella isla, en la letra siguiente” [una quintilla, núm. 4, “En este ameno boscaje / ..."]. Y en nota marginal aclara: “Este fue el licenciado Diego Pérez de Estrada, natural de Ciudad Real, que salió año de 1592, en un camello, de noche, día de Santiago, con cuatro hachas en la misma silla de la bestia, y habiendo dado vuelta a la ciudad de Canaria, se volvió a su casa confuso, conociendo su liviandad, pues había sido allí muchos años juez por el Consejo de las Indias”:

 

 

En este ameno boscaje
ha sonado el retintín
de vuestro claro linaje,
y que en letras, talle y traje
parecéis mucho a Merlín.

 

 

A continuación se presentan las “letras” que Cairasco hizo “en la profesión de Beatriz de San Antonio, mi prima, en aquella isla, año de 1597” [tres cuartetas, núm. 5, “Pues con rey os desposáis, / ...”], a las que preceden las palabras siguientes: “Y el gran poeta y músico el canónigo jubilado en Canaria, mi patria, y que ya tiene una dignidad, y por esto se intitula don Bartolomé Cairasco de Figueroa, por ser prior, que es dignidad en aquella gran catedral, y que por ser caballero ya pudiera haberse pegado el don. Este autor, en la profesión de...”:

 

 

Pues con rey os desposáis,
Beatriz, y pues él es Dios,
reina seréis tambien vos,
y sirviéndole reináis5.

La que casa con el rey,
aunque sea una pastora,
se hace libre y señora,
que así lo ordena la ley6.

Vos con rey os desposáis,
Beatriz, y pues él es Dios,
reina seréis tambien vos,
y sirviéndole reináis.

 

 

Sigue la transcripción de “las letras que compuso el mismo poeta a la profesión de Inés de la Encarnación, mi única hermana, en el mismo convento de la Concepción Bernarda en Canaria” [tres cuartetas, núm. 6, “Bien se ve, discreta Inés, / ...”]:

 

 

Bien se ve, discreta Inés,
vuestro aviso milagroso7
en escoger por esposo
al segundo de los tres.

Contradijo el mundo ciego
y atravesó la malilla,
pero vos con la espadilla
triunfáis y ganáis el juego.

Es Padilla en todo Inés,
y su aviso es milagroso
en escoger por esposo
al segundo de los tres.

 

 

Sigue otra letra [una quintilla, núm. 7, “Y porque de la tienda, / ...”], referente al padre de Ortiz de Padilla, que tenía tan grande voz, que se oía desde muy de lejos:

 

 

Y por que de la tienda8,
que da silbos y echa chispas,
ignorancia no pretenda,
guarde de hoy más su hacienda,
no se la coman avispas.

 

 

Para conocer más versos de arte menor de Cairasco, hay que acudir a su teatro. Invito al lector a hojear la edición del Teatro conocido de nuestro autor (Tamaimos, 2021). En las cinco obras allí publicadas, encontrará, mezcladas con la prosa y los endecasílabos, muchas estrofas en octosílabos (quintillas y cuartetas), y unas pocas en versos más cortos. En el Templo militante solamente hay una composición de arte menor, que se encuentra en la edición de 1603 de la Segunda parte (no en las ediciones posteriores). Se trata del romance que dicen los “Cantores”, en la segunda parte del Canto de San Pedro Mártir, haciendo relación de la victoria sobre Francis Drake (págs. 75-80, nada menos que 380 versos). También hay dos redondillas en la novela pastoril El Pastor de Iberia (1591), a nombre de Ergasto (págs. 224r-224v).

 

Nuestro Luis Ortiz de Padilla, tan conocedor de Cairasco, que recuerda de memoria sus versos, y se los transcribe al jesuita Joan de Ribera por 1611, debió ser gran amigo del canónigo canario, y no me extraña que participara en su célebre tertulia dedicada a Apolo Délfico. Antes de marchar a las Islas Filipinas, ejerció en Las Palmas. Por 1597 está en esta ciudad, según se colige por el extracto documental 1.147 (pág. 465, del A.H.P.L.P., Francisco Ponce, n.º 964, f. 59v.), que presenta Manuel Lobo Cabrera en Gran Canaria e Indias durante los primeros Austrias. Documentos para su historia (Viceconsejería de Cultura y Deportes. Gobierno de Canarias, 1990)9.

 

Una nueva composición de Ortiz de Padilla sacada hoy a la luz. A las tres obras de Luis Ortiz de Padilla que presenta Millares Carlo, añado hoy una cuarta, de 1606, que es una alabanza en latín a su profesor de Derecho de la Universidad de Salamanca Antonio Pichardo Vinuesa. La alabanza se lee en los preliminares del libro de este último, titulado Priores practicae, scholasticaeque disputationes (1606): Ludovicus de Padilla Ortiz canariensis, in Antonii Pichardo Vinuesa praeceptoris laudem (“Luis de Padilla Ortiz, canario, en alabanza de su preceptor Antonio Pichardo Vinuesa”). Véase que los apellidos aparecen cambiados. La alabanza está compuesta por tres dísticos elegíacos latinos:

 

 

Oppugnari potest celsae Carthaginis arces
Scipio adhuc iuvenis, peneque miles adhuc.

Excelsas et opes, legumque arcana Pichardus
promere adhuc iuvenis, doctaque sensa potest.

Romanam pariter rem sic illustrat uterque,
ille arma, hic iura splendidiora facit10.

 

 

Una traducción aproximada puede ser la siguiente: “Escipión, aún joven y casi soldado aún, puede opugnar las altas fortificaciones de Cartago. Pichardo, aún joven, puede manifestar las excelsas obras y los arcanos de las leyes, y los doctos sentidos. Uno y otro ilustran igualmente los asuntos romanos, aquel las armas, este los derechos más espléndidos”.

 

La anterior alabanza viene precedida de otra, también en dísticos latinos, del hermano del autor del libro, “Ioannes del Monte Pichardo hispalensis ecclesiae portionarius, Cauriensis postea canonicus et scholasticus Antonio Pichardo Vinuesa fratri” (“Juan del Monte Pichardo, racionero de la iglesia de Sevilla, después canónigo y letrado de la de Coria, a su hermano Antonio Pichardo Vinuesa”):

 

 

Qualiter in speculi, vel parvi, lumine montes
apparent celsi, flumina, saxa, ferae,

hic simul et tellus gemmantes explicat herbas,
purpureoque nitet multa colore rosa.

Sic tu, care frater, docto parvoque libello
ingenio ostentas grandia dona tui.

Quam breviter longas ambages scindere tentas,
quam claudis gyro grandia sensa brevi.

I, bone, quo virtus tua ducit; nam, nisi fallor,
digna tuis meritis praemia magna feres.

 

 

Su traducción podría ser: “De igual modo que los montes, ríos, peñas y fieras aparecen elevados o pequeños en la luz de un espejo, este libro no solo como tierra abraza las hierbas cubiertas de gemas, sino como mucha rosa brilla con purpúreo color. Así tú, caro hermano, en un librito docto y pequeño muestras con ingenio tus grandes dones. Cuán brevemente intentas romper los largos rodeos, con cuán breve giro cierras los grandes sentidos11. Ve, bueno, adonde tu virtud te lleva; pues, si no me engaño, conseguirás grandes premios dignos de tus méritos”.

 

El último dístico de Juan del Monte Pichardo aparece en las Esdrujúleas de Cairasco de El Museo Canario (“Versos latinos y otros castellanos que se hicieron a la muerte y pusieron en el túmulo de don Bartolomé Cairasco de Figueroa... a 12 de octubre del año 1610”, pág. 14v) y de Cambridge (“Síguense algunos versos latinos y castellanos y una canción esdrújula en una y otra lengua, que se hizo a la muerte de don Bartolomé Cairasco de Figueroa...”, fol. 210r). Se trata de una adaptación de los versos 37-38 de la epístola segunda, “Ad Iulium Florum”, del Libro II de las Epistolae de Horacio, con algunos cambios (“I, bone, quo virtus tua te vocat; i pede fausto / grandia laturus meritorum praemia. Quid stas?”): “ducit” por “vocat”; “nam, nisi fallor” por “i pede fausto”; “digna tuis meritis praemia magna feres” por “grandia laturus meritorum praemia: quid stas?”. Tal dístico de las Esdrujúleas puede que provenga del de Juan del Monte Pichardo, y parece evidente que de allí lo tomarían para insertarlo en las Esdrujúleas citadas.

 

Tanto el canónigo sevillano Juan del Monte Pichardo, como su hermano el catedrático de Salamanca Antonio Pichardo Vinuesa, debieron pertenecer a los amigos andaluces de Cairasco.

 

 

Notas

1. El artículo anterior es el dedicado al tinerfeño Rodrigo Núñez de la Peña, que también dedica un soneto laudatorio en los comienzos del mismo libro de Pacheco de Narváez.

2. En Biobibliografía...: “derecho”, en este verso 1; “añadir”, en el 2; en el libro y en Biobibliografía...: “(gran Pacheco)”, en el verso 4; en Biobibliografía...: “laudo”, al final del verso 9; en el libro y en Biobibliografía...: “Cita”, “Anglio”, “Chino”, “Mauro”, en el 12.

3. Sixto Sall Bravo de Laguna es hermano de la mujer de Juan Millares Carló, el hermano de Agustín, Dolores Sall Bravo de Laguna.

4. Salvo la primera, que aparece en otro manuscrito que referencia Millares, y que transcribe enteramente en la entrada 3.

5. Biobibliografía...: “sirviéndola”. Cioranescu, Antología..., pág. 224: “sirviéndole”.

6. Biobibliografía...: “que sí lo ordena la ley”. Cioranescu, Antología..., pág. 224: “que así lo ordena la ley: / vos” (sin espacio estrófico).

7. Biobibliografía...: “amigo”, en este verso 2 (debe ser mala transcripción, en lugar de “aviso”, como aparece en el verso 2 de la tercera estrofa); Cioranescu (Antología..., pág. 225): “aviso”; “Mundo”; “malilla;”, al final del verso 2 de la estrofa segunda; “el juego: / ES PADILLA”, al final del verso 4 de la estrofa segunda y al comienzo del inicio de la siguiente estrofa.

8. Biobibliografía...: “porque”.

9. “El licenciado Luis Ortiz de Padilla, regidor, abogado de la Real Audiencia, v[ecin].º, hijo y heredero de Luis de Padilla, su padre, difunto, que murió en Indias, por él y en nombre de Inés de Padilla, su hermana, monja profesa en la Concepción bernarda de esta Isla, da poder al licenciado Francisco Coello, alcalde de la casa y corte de su majestad, en la chancillería de la ciudad de los Reyes, y a Andrés Vandama, v[ecin].º, y a Luis González, v[ecin].º de Lima, para que en sus nombres, reciban y cobren cualquier bienes y muebles, deudas, oro, plata, perlas, joyas, mercanderías y otras cosas que hayan quedado de su padre y estén en poder de cualquier persona depositados; lo cobrado se lo remitan a Sevilla en cualquier flota y navíos consignado a Francisco Prieto de Belmonte, o al beneficiado Rodrigo Fragoso de la iglesia de San Marcos de Sevilla o a Jerónimo de Medina, ministril de Sevilla”.

10. Los mismos dísticos se leen en los preliminares de Licenciati Antonii Pichardo Vinuesa, in salmanticensi gymnasio utriusque Iuris publici professoris de Mora emendatione disputatio, in petitione Pontificiae Licenciaturae (quam dicunt) laurae pro rostris habita sub cap. Potuit. 4. versiculo, nisi celeri. de locato et conducto, a nombre de “Gabrielis Verdugo Mantuani Pontificii Iuris studiosi in laudem autoris Epigramma” (Salmanticae, apud Guillelmum Foquel, 1589). Considero que si los mismos versos salieron posteriormente en 1606 a nombre de Ludovicus de Padilla Ortiz, correspondan a dicha autoría, y no a la de Gabrielis Verdugo Mantuani. Antes del Epigramma, se leen los versos de Ioannes del Monte Pichardo que están en el libro de 1606. A continuación del Epigramma, aparecen cuatro dísticos latinos a nombre de Luis de Padilla Ortiz: “Ludovici de Padilla et Ortiz Canariensis in Iure Pontificio Bachalarii in autoris laudem ogdoastichon”. El ogdoástico es el siguiente: “Si laudem is mereat monstrum qui conficit unum, / qua laude hic tandem non quoque dignus erit? // Dogmata qui penitus hic tot monstr[os]a recenset / ingenii mira dexteritate sui. // Fertilem montem faelix iam praestitit aevum[,] / foelices fecit Caesaris iste leges. // Annos dent illi tam pie numina multos[,] / gloria concrescat, crescat et ingenium”; traducido: “Si merece alabanza el que confecciona una sola maravilla, ¿con qué alabanza no será también digno finalmente este, // que aquí examina profundamente tantos maravillosos dogmas con la admirable dextreza de su ingenio? // El tiempo feliz ya mantuvo firme al fértil monte, este hizo felices las leyes del César. // Que los númenes den a aquel muchos años tan piadosamente, / que la gloria se acreciente, que crezca también el ingenio”. El poema aparece algo distinto y mejor medido a nombre de Cornelius Fuscus Nuportanus, en los preliminares de la obra de Wilhelmo Lindaro Dorgraceno Panoplia evangelica, sive de Verbo Dei evangelico Libri quinque... Postrema editio. Parisiis, 1564.

11. Justo García Sánchez, en el artículo “Antonio Pichardo de Vinuesa y la enseñaza del Derecho Romano a través de las Institutiones de Justiniano” (Revista Internacional de Derecho Romano, octubre, 2008), afirma que “conjuga el estilo breve, ordenado y elegante de la expresión latina, con algunas aportaciones en lengua romance y vinculadas a la orientación profesional de sus lectores”. Juan de Solórzano Pereyra, en el Prefacio a los Commentaria in tres priores institutionum imperatoris Iustiniani libros (1600), habla, entre otras muchas cosas de la brevedad que su hermano ensalza en los dísticos latinos: “Noster vero Pichardo ita probe Spartam quam nactus est ornat, ita brevitati, citra obscuritatem studet; ita ea tantum, quae adversum (ut aiunt) facere videntur, apponit; ita Quiritum iura nostratibus legibus comparat; et denique ita docte, ita terse, ea fere solum quae ab aliis praetermissa sunt, congerit, vetustis novitatem, obsoletis nitorem, obscuris lumen fastiditis gratiam, dubiis fidem adstruit, et secreta utriusque iuris primordia, puro eoque Latino sermone aperit, ut veritas nuda, aperta, candida, possit deinceps optimis quibusque patere, habereque subinde, novi iuris alumni (quibus haec praecipue musitantur) monumenta legalia, non tan facilia, quam prona et manifesta, et ut dici verissime queat Delphicum gladium, quinimo et Ariadnes filum cum nobis in manibus apposuisse, quo tortuosum istud, et tot difficultatum Moeandris involutum disciplinae legalis Labyrinthum tute ingredi, et secure peragrare possimus)”, (“Pero nuestro Pichardo así adorna buenamente a la Esparta que obtuvo por nacimiento, así busca la brevedad, sin obscuridad; así coloca solamente las cosas que parecen hacer lo contrario (como dicen); así compara los derechos de los ciudadanos romanos a nuestras leyes, y finalmente así acumula docta y tersamente las cosas que han sido casi solo omitidas por otros; construye novedad de lo viejo, esplendor de lo obsoleto, gracia de lo obscuro fastidioso a la luz, fidelidad de la duda; y abre los orígenes secretos de uno y otro derecho con esta pura lengua latina, de tal manera que pueda manifestarse después la verdad desnuda, abierta, cándida a los mejores y a cualesquiera, y tener inmediatamente los monumentos legales del nuevo alumno del derecho (a quien estas cosas son musitadas principalmente), no tan fáciles como propicias y manifiestas, y como pueda decirse muy verazmente que la délfica espada y aún más este hilo de Ariadna nos hubieran puesto en las manos, cuando podamos entrar y pasear seguros el laberinto de la disciplina legal, tortuoso y tan revuelto de dificultades por sus meandros”).

 

 

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