Revista n.º 1045 / ISSN 1885-6039

El libro Agacheros. 60 años de folclore, de Luisa Chico, reeditado por BienMeSabe.org.

Miércoles, 21 de marzo de 2012
Redacción BienMeSabe
Publicado en el n.º 410

Este libro, agotado en nuestras librerías hace un tiempo, es un estudio fundamental sobre el folclore de la histórica comarca de Agache, en la zona Sur de Tenerife. Ahora te lo ofrecemos desde nuestras páginas, con la generosidad de su autora, de forma gratuita y a un solo click de ratón.

Portada del libro Agacheros, de Luisa Chico.

 

Agacheros. 60 años de folclore es uno de los libros principales que hasta ahora ha dado a luz la escritora Luisa Chico. La autora, colaboradora habitual de nuestra revista digital de Cultura Canaria, especialmente en el tema de los bailes (sobre el que ha escrito otro libro en colaboración con Diego Felipe), ya tiene en su haber unas cuantas publicaciones sobre el ámbito del folclore, además de ejercer como creadora de ficciones, de novelas.

 

El libro que hoy presentamos llegó a las manos de los interesados lectores por primera vez en el año 1997, y poco después los ejemplares se fueron acabando. Ello nos indica hasta qué punto el trabajo de Chico ha interesado a todas y todos los amantes del folclore, especialmente a los de las zonas de El Escobonal y de Güímar, pero también (por su amplio abanico de ideas) a las miles de personas amantes de las tradiciones en la isla de Tenerife y en todas las Canarias.

 

Esta edición digital contiene cerca de 200 páginas con un formato digital atractivo de fácil lectura, aparte de otra versión en pdf. Está prologado por otro de nuestros colaboradores, conocedor profundo de esta zona de Canarias, cronista de Candelaria y Güímar, Octavio Rodríguez Delgado. En esta ventana introductoria ya se nos aproxima al entorno cultural sobre el que versa el escrito de Luisa Chico, así como se nos adelantan las valías históricas de las letras de la autora con respecto a todo lo tratado en el recorrido de su investigación, nada más y nada menos que la historia del folclore de esta joya de enclave cultural del Sur de la Isla Picuda.

 

Recordemos que Luisa Chico, a la que hemos entrevistado en BienMeSabe TV, es autora, entre otras publicaciones, de la novela Sueños de Pescador, del imprescindible libro sobre bailes folclóricos canarios Nuestros bailes paso a paso (en colaboración con Diego Felipe) y de este hoy reeditado Agacheros. 60 años de folclore. De él te ofrecemos como aperitivo la introducción que al mismo hace la autora, así como el enlace desde el que puedes leer el libro por entero. Que lo disfruten.

 

 

Sentada en mi atalaya predilecta, allá en lo más alto de La Tambora, junto al camino que fuese antaño testigo de mis juegos infantiles, recorrí una vez más con la mirada todo el panorama que quedaba a mi alcance.

Desde allí podía ver casi todo el pueblo o al menos gran parte de él, desde  la casa de Aniceto en La Montaña hasta la de mi abuelo Leoncio en La Tirada. Pude contemplar las copas de los árboles de la plaza y el campanario de la iglesia, las huertas, las casas, la serpenteante carretera. El viento trajo hasta mis oídos el ladrido de un perro en la distancia, el único sonido que pude percibir desde la altura. A mi alrededor todo era paz, silencio, serenidad, recuerdos…

De pronto, me sentí estremecer, ¿qué pasaba…? Algo fallaba en mi paisaje, éste no era el paisaje que deleitaba en mi infancia las meriendas en el camino. Volví a mirar fijándome esta vez en los detalles y el escalofrío volvió a recorrer mi cuerpo, entonces lo supe. A mi alrededor y en casi toda la extensión del pueblo que podía ver desde allí el deterioro y el abandono eran latentes: paredes caídas, hierbas secas, casas abandonadas…, una punzada de dolor atravesó mi corazón. Cerré los ojos y por un momento viajé en el tiempo.

Tras mis párpados cerrados apareció de nuevo el paisaje familiar. El color verde predominaba con fuerza en todas sus tonalidades: el verde de la rama de las papas, el verde de las higueras y pencones, el verde de las múltiples cosechas, verde, verde, verde… Todo el pueblo resplandecía de verdor, el cual rivalizaba con el blanco de la cal en la fachada de las bien cuidadas casas que se encontraban habitadas en su totalidad, incluso las cuevas y bodegas blanqueaban a la luz del sol.
Desde los más diversos rincones traía el viento retazos de conversaciones, el ladrido de los perros guardianes, el balido de las cabras que no faltaban en cada casa y miles de sonidos indicadores de vida y de actividades cotidianas.

Casi pude percibir el olor del potaje de mi madre llegando desde la cocina, mezclado con el de la gran variedad de flores que cultivaba mi tía Luisa en el largo poyo del callejón.

Rememorando fechas especiales vino de nuevo hasta mí el familiar sonido de la fiesta: repiquetear de campanas, estallido de voladores, la música, que ponía alas en nuestros pies haciendo que el camino hasta la plaza nos pareciera interminable… La música, amiga y compañera de la mayoría de los habitantes del pueblo. Gente que vibra ante el sonido de un timple bien tocado, que llora con la letra de las malagueñas, que se agita inquieto por iniciar los pasos de una berlina, que alza la voz con orgullo para entonar unas folías…

Me detengo en este punto de mis recuerdos y pienso en las personas que han formado parte de la música y el folclore de mi tierra. Desde Josefina Marrero y las primeras parrandas y orquestas que tuvo el pueblo hasta la última rondalla que comienza su andadura en estos días, han sido cientos de personas. Nunca me había detenido a pensar en esto.

Analizando la peculiaridad de un pueblo dedicado estrictamente a la agricultura, no resulta extraño que las costumbres y el folclore permanezcan tan arraigados aún hoy en sus gentes, ya que los timples y las guitarras fueron durante años la única diversión para la mayoría de ellos. En lo más profundo de sus bodegas se afinaban las voces con un buen vaso de vino y las gargantas se rompían entonando con sentimiento las coplas de una canción.

En los salones donde se celebraban bailes, sonaban las polcas tradicionales de la zona, predominando la famosa berlina. En definitiva, lo único que se ha conservado intacto con el paso de los años y que sirve como vínculo a sus habitantes es la música, y más concretamente el folclore tan peculiar de Agache, un folclore puro, auténtico, transmitido de padres a hijos, un folclore sin adulterar producto de nuestras raíces.

El orgullo de ser agachera inundó una vez más mis pulmones de aire puro. Abrí los ojos y repasé de nuevo el paisaje que ya no me pareció tan seco ni tan triste, y esforzándome un poco casi pude escuchar el rasguear de más de una guitarra en el corazón de algunas de las casas que aún permanecen habitadas y el sonido de una voz rasgando el aire con los sones de la berlina.

Pensé que la lucha de estas personas por preservar un patrimonio tan importante merecía todo nuestro respeto, y sentí que debía contribuir de alguna forma a divulgar la perseverancia de un pueblo que al filo del siglo XXI continúa intentando que no se pierdan las tradiciones que dan identidad a nuestra tierra.

Ese afortunado día nació la idea de escribir un libro que me gustaría sirviera para que nuestros descendientes conozcan la importancia del patrimonio que se les ha legado y sientan la necesidad de continuar la labor iniciada por sus mayores.

Apoyemos entre todos los movimientos folclóricos de la Comarca ya que desde mi punto de vista son mucho más que música, nuestro folclore es… EL ORGULLO DE UN PUEBLO.

 

 

 

Ver el libro digital Agacheros. 60 años de folclore

 

 

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